Nunca imaginé que esperar una respuesta pudiera resultar tan difícil.
Los días pasaban lentamente.
Demasiado lentamente.
Mientras tanto la vida continuaba.
Intenté encontrar trabajo en varias obras de la ciudad, pero la situación económica no ayudaba demasiado.
Cada día aparecían más hombres buscando empleo.
Demasiados hombres para demasiado poco trabajo.
Las conversaciones en las calles comenzaban a girar siempre en torno al mismo tema.
Dinero.
Despidos.
Empresas que cerraban.
El ambiente en Nueva York empezaba a cambiar.
Incluso el Tony’s Club parecía distinto.
Más silencioso.
Más preocupado.
Un día, mientras desayunaba con tía Jenna, el cartero llamó a la puerta.
Sentí un pequeño vuelco en el corazón.
El sobre tenía una letra elegante.
Delicada.
La reconocí inmediatamente.