Abrí la carta con manos ligeramente temblorosas.
Dentro había un pequeño papel doblado.
"John,
Me alegra mucho que hayas escrito.
Yo también he pensado en nuestra conversación muchas veces desde aquella noche.
Si te parece bien, podríamos vernos el domingo por la tarde en Central Park, cerca del lago donde suelen reunirse los músicos.
Caroline."
La releí varias veces.
Tía Jenna observaba la escena desde la mesa con una sonrisa que parecía conocer todos mis pensamientos.
—¿Es ella? —preguntó finalmente.
Asentí.
—Entonces supongo que tendrás algo importante que hacer el domingo.
—Supongo que sí.
Jenna se levantó de la mesa y se acercó a mí.
—Escúchame bien, John.
—¿Sí?
—La vida rara vez nos da oportunidades que realmente merezcan la pena.
—Lo sé.
—Y cuando lo hace… —continuó—. Lo peor que podemos hacer es tener miedo.