Tres días después ocurrió algo que ninguno de los dos esperaba.
Aquella mañana yo estaba en casa de tía Jenna leyendo el periódico cuando llamaron a la puerta.
Jenna estaba en la cocina preparando café.
Me levanté y fui a abrir.
Al otro lado de la puerta estaba Jack Ford.
Llevaba un abrigo oscuro y un sombrero que sostenía con calma entre las manos.
Su presencia llenaba el pequeño portal de la casa como si aquel lugar fuese demasiado pequeño para contener a un hombre como él.
—Buenos días, John —dijo con voz tranquila.
Sentí cómo mi cuerpo se tensaba.
—Señor Ford…
—¿Puedo pasar?
No era una pregunta.
Era una afirmación disfrazada de cortesía.
—Claro.
Entró en la casa observándolo todo con una mirada tranquila pero calculadora.
Jenna apareció desde la cocina al escuchar voces.
—¡Jack! —exclamó sorprendida—. No esperaba verte.
—Buenos días, Jenna.
Se saludaron con un abrazo breve.
Pero enseguida Jack volvió a mirarme.
—Necesito hablar con tu sobrino —dijo con calma.
El silencio que siguió fue pesado.
Jenna me miró durante un segundo.
—John… —dijo suavemente.
—Está bien, tía.
Nos sentamos en la pequeña mesa del comedor.
Jack Ford colocó el sombrero sobre la mesa.
—Voy a ser directo —dijo.
Sentí que mi corazón empezaba a latir con fuerza.
—He sabido que has estado viendo a mi hija.
No respondí.
—No te preocupes —continuó—. No estoy aquí para hacer una escena.
Lo dijo con una serenidad que resultaba más intimidante que cualquier grito.
—Caroline es joven —siguió diciendo—. Y a veces los jóvenes se dejan llevar por… emociones pasajeras.
Aquellas palabras me molestaron.
—No es una emoción pasajera.
Jack levantó ligeramente una ceja.
—¿Ah, no?
—No.
Hubo un breve silencio.
—John —dijo finalmente—. He conocido a muchos hombres a lo largo de mi vida. Algunos brillantes, otros mediocres… y otros peligrosos.
Sus ojos se clavaron en los míos.
—Pero todos tenían algo en común.
—¿Qué?
—Sabían cuál era su lugar en el mundo.
Sentí que aquellas palabras me atravesaban como una aguja.
—¿Y cuál cree usted que es el mío?
Jack se reclinó ligeramente en la silla.
—No junto a mi hija.