Aquella frase resonó en mi cabeza durante varios segundos.
Sentí cómo una mezcla de rabia y humillación comenzaba a crecer en mi interior.
—Con todo el respeto, señor Ford —dije finalmente—. Creo que eso debería decidirlo ella.
Jack me observó con una expresión difícil de interpretar.
—Eso es exactamente lo que esperaba que dijeras.
—¿Ah sí?
—Sí.
Se inclinó ligeramente hacia delante.
—Porque los hombres jóvenes creen que el mundo funciona según lo que sienten.
—¿Y no es así?
Jack sonrió.
—No, John.
Su voz se volvió más fría.
—El mundo funciona según el poder.
Aquella frase quedó flotando en la habitación.
—Caroline tiene un futuro —continuó—. Un futuro que no incluye a un hombre sin trabajo ni posición.
Sentí cómo mis manos se cerraban lentamente sobre la mesa.
—Estoy buscando trabajo.
—Eso es admirable —respondió Jack con una calma que me irritaba profundamente—. Pero no cambia nada.
El silencio volvió a llenar la habitación.
—Voy a pedirte algo —dijo finalmente.
—¿Qué?
—Deja de ver a mi hija.
Aquellas palabras cayeron como una sentencia.
—No.
La respuesta salió de mi boca antes incluso de que tuviera tiempo de pensarla.
Jack Ford me observó durante unos segundos.