Lo que oyen los grillos

La advertencia

Antes de salir de la casa se detuvo junto a la puerta.
—John —dijo sin girarse del todo.
—¿Sí?
—Hay muchas formas de arruinar la vida de un hombre en esta ciudad.
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.
—Pero no te preocupes —continuó con tranquilidad—. Espero no tener que hacerlo.
Y con esas palabras se marchó.
La puerta se cerró lentamente detrás de él.
Durante unos segundos no pude moverme.
Tía Jenna fue la primera en hablar.
—¿Qué ha pasado exactamente entre tú y Caroline?
Suspiré profundamente.
—Nos enamoramos.
Jenna me observó con una mezcla de preocupación y ternura.
—Entonces esto no va a terminar bien.




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