Aquella noche Nueva York parecía distinta.
Más oscura.
Más inquieta.
Las conversaciones en los bares hablaban cada vez más de negocios que empezaban a tambalearse.
Empresas con problemas.
Bancos que comenzaban a mostrar señales de debilidad.
Pero en aquel momento yo no prestaba demasiada atención a esos rumores.
Porque en mi vida ya había empezado otra tormenta.
Una tormenta llamada Jack Ford.
Y aunque aún no lo sabía…
aquello solo era el principio.