Las semanas que siguieron a la visita de Jack Ford fueron extrañas.
Nada parecía haber cambiado… y sin embargo todo había cambiado.
Caroline y yo seguíamos viéndonos, aunque ahora con mucha más cautela. Ya no paseábamos por los lugares más transitados del parque ni entrábamos en cafés concurridos.
Habíamos aprendido a movernos por la ciudad como si estuviéramos escondiéndonos.
Y en cierto modo lo estábamos.
Pero lo que realmente empezó a preocuparme fue otra cosa.
El trabajo.
Durante días recorrí media ciudad buscando empleo. Obras nuevas, almacenes, muelles… cualquier lugar donde pudieran necesitar manos dispuestas a trabajar.
En otros tiempos siempre había terminado encontrando algo.
Pero esta vez ocurría algo extraño.
Los encargados me escuchaban.
Asentían.
Algunos incluso parecían interesados.
Pero siempre terminaba pasando lo mismo.
—Lo siento, muchacho… ya tenemos suficiente gente.
Al principio no le di demasiada importancia.
Hasta que un día ocurrió algo que cambió mi forma de verlo.