Aquella tarde fui al Tony’s Club.
Frank estaba sentado en la barra cuando llegué.
—Tienes mala cara —dijo al verme.
—Hoy casi consigo trabajo.
—¿Casi?
—Sí.
Me senté a su lado.
—Y de repente… ya no lo tenía.
Frank frunció el ceño.
—Eso pasa mucho últimamente.
—No fue eso.
—¿Entonces?
Lo miré durante unos segundos antes de responder.
—Creo que alguien dijo mi nombre.
Frank se quedó callado.
—¿Tu nombre?
—Sí.
—¿Y?
—Después de eso… ya no había trabajo.
Frank apoyó lentamente el vaso sobre la barra.
—John…
—¿Sí?
—No quiero decir nada que no sea cierto…
—Pero.
—Pero si alguien en esta ciudad quisiera cerrar puertas para ti… podría hacerlo.
No hacía falta preguntar quién.
Los dos lo sabíamos.