Lo que oyen los grillos

La discusión

Caroline llegó al parque aquella tarde con los ojos rojos.

Nunca la había visto así.

—¿Qué ha pasado? —pregunté inmediatamente.

Ella tardó unos segundos en responder.

—Mi padre.

Sentí cómo mi pecho se tensaba.

—¿Ha descubierto algo?

Caroline negó con la cabeza.

—No exactamente.

Se sentó en el banco y respiró profundamente.

—Pero me ha preguntado directamente si hay alguien en mi vida.

—¿Y qué le dijiste?

—La verdad.

Sentí que el mundo se detenía durante un instante.

—¿Se lo dijiste?

—Sí.

El viento agitaba ligeramente su cabello.

—¿Y qué ocurrió?

Caroline dejó escapar una pequeña risa amarga.

—Lo que ocurre siempre con mi padre cuando algo no sale como él quiere.

—¿Se enfadó?

—No.

—¿No?

—Eso fue lo peor.

La miré confundido.

—Se limitó a mirarme durante un largo rato… y luego dijo algo que no voy a olvidar nunca.

—¿Qué?

Caroline me miró directamente a los ojos.

—Dijo que estaba cometiendo el error más grande de mi vida.




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