Lo que oyen los grillos

La decisión

Aquella noche apenas pude dormir.

Sabía que Jack Ford tenía poder suficiente para complicar mi vida.

Ya estaba empezando a hacerlo.

Pero también sabía algo más.

Que renunciar a Caroline sería peor.

Mucho peor.

A la mañana siguiente fui al parque.

Caroline ya estaba allí esperándome.

Cuando me vio supo inmediatamente que algo no iba bien.

—¿Qué pasa?

Respiré profundamente.

—Tu padre ha vuelto a hablar conmigo.

Su rostro se tensó.

—¿Qué te dijo?

La miré directamente.

—Que me apartara de tu vida.

Caroline guardó silencio durante unos segundos.

—¿Y qué respondiste?

Tomé su mano.

—Que no.

Caroline cerró los ojos un instante.

Cuando volvió a abrirlos había lágrimas en ellos.

—Entonces supongo que ya no hay vuelta atrás.

—No.

Ella apretó mi mano con fuerza.

—Bien.

—¿Bien?

Caroline sonrió con una mezcla de valentía y tristeza.

—Porque yo tampoco pienso retroceder.




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