El 24 de octubre de 1929 fue un jueves.
Un jueves que empezó como cualquier otro.
Pero que terminaría cambiando la vida de millones de personas.
Yo estaba caminando cerca de Wall Street cuando empezó el caos.
Al principio fueron rumores.
Hombres saliendo de edificios con expresión pálida.
Corredores hablando a gritos.
Luego comenzaron a llegar más personas.
Multitudes frente a los edificios de bolsa.
Gente intentando vender acciones desesperadamente.
Nunca había visto nada parecido.
El ruido era ensordecedor.
Voces.
Coches.
Gritos.
Un hombre pasó corriendo junto a mí diciendo algo que nunca olvidaré.
—¡Se está hundiendo!
Miré hacia el edificio de la bolsa.
Y en ese momento comprendí que algo enorme estaba ocurriendo.
Algo que nadie podría detener.