Aquella noche fui a ver a Caroline.
Cuando abrió la puerta su rostro estaba completamente pálido.
—John… —susurró.
—¿Qué ha pasado?
Caroline me hizo entrar rápidamente.
La casa estaba extrañamente silenciosa.
—Mi padre…
—¿Qué ocurre con él?
Caroline respiró profundamente.
—Ha perdido mucho dinero.
—¿Cuánto?
Ella negó con la cabeza.
—No lo sé exactamente.
Pero su voz temblaba.
—Muchísimo.
Nos sentamos en el pequeño salón.
—Nunca lo había visto así —dijo.
—¿Cómo?
—Asustado.
Aquella palabra me sorprendió.
Jack Ford no parecía un hombre que conociera el miedo.
—Los bancos están llamando —continuó Caroline—. Algunos socios han desaparecido. Otros quieren retirar su dinero.
La miré con preocupación.
—¿Tu padre ha dicho algo?
Caroline tardó en responder.
—Sí.
—¿Qué?
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Dijo que todo por lo que había trabajado durante treinta años… podría desaparecer.