Corría.
Su respiración era agitada.
—¡John!
—¿Qué pasa?
Sus ojos estaban llenos de pánico.
—Mi padre…
—¿Qué ocurre con él?
—Está fuera de sí.
—¿Por qué?
—Los bancos han empezado a exigir el dinero.
Sentí un escalofrío recorrerme.
—¿Y?
—Dice que alguien tiene la culpa de todo esto.
—¿Quién?
Caroline me miró con angustia.
—Tú.
Me quedé helado.
—¿Qué?
—Dice que desde que apareciste en mi vida todo ha empezado a ir mal.
—Eso es absurdo.
—Lo sé.
Pero su voz temblaba.
—John… tengo miedo.
La abracé.
—Todo va a estar bien.
Pero incluso mientras lo decía sabía que no era verdad.