Aquella misma noche ocurrió la tragedia.
Nunca olvidaré el sonido.
El disparo resonó en toda la casa Ford.
Cuando llegué, la policía ya estaba allí.
La calle estaba llena de gente.
Luces.
Voces.
Confusión.
Caroline estaba sentada en las escaleras de la entrada, temblando.
Corrí hacia ella.
—Caroline.
Me abrazó con fuerza.
—John…
—¿Qué ha pasado?
Su voz apenas era un susurro.
—Mi padre…
El nudo en mi garganta se apretó.
—¿Qué ha hecho?
Caroline cerró los ojos.
—Se ha disparado.
Sentí que el mundo se detenía.
—¿Está…?
—No.
Respiré con dificultad.
—Está vivo… pero muy grave.
Un policía se acercó en ese momento.
—¿Quién es usted?
—Soy amigo de la familia.
El hombre me miró con cierta desconfianza.
—Será mejor que se marche.
Caroline apretó mi mano.
Pero el policía fue firme.
—Este no es lugar para usted.
La solté lentamente.
Mientras me alejaba vi cómo Caroline me miraba desde las escaleras.
Con lágrimas en los ojos.
Sin saber que aquel sería el último momento en que nos veríamos durante muchos años.