Al día siguiente todo cambió.
Los periódicos hablaban del intento de suicidio de un importante empresario de Nueva York.
Los bancos comenzaron a tomar control de sus propiedades.
Los socios desaparecieron.
Y la familia Ford abandonó la ciudad.
No hubo despedida.
No hubo carta.
No hubo explicación.
Simplemente… desaparecieron.
Durante semanas intenté encontrar alguna noticia.
Alguna dirección.
Alguna pista.
Pero Caroline se había ido.
Como si nunca hubiera existido.
Y así comenzó el período más largo y silencioso de mi vida.