Lo que oyen los grillos

Lo que queda

Con el tiempo aprendí algo curioso sobre los recuerdos.

Uno cree que con los años se vuelven borrosos.

Pero no es verdad.

Algunos recuerdos permanecen con una claridad dolorosa.

La forma en que Caroline inclinaba la cabeza cuando pensaba.

La manera en que sus ojos se iluminaban cuando hablaba de algo que la emocionaba.

La forma en que el viento movía su cabello la primera vez que caminamos junto al lago.

Esos recuerdos no se borraron.

Simplemente se volvieron más silenciosos.

Como si hubieran aprendido a vivir en algún lugar tranquilo dentro de mi memoria.




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