Fue en otoño de 1936 cuando ocurrió.
Un día cualquiera.
Uno de esos días que empiezan sin prometer absolutamente nada.
Había terminado mi jornada en un pequeño almacén cerca del río y caminaba hacia el centro de la ciudad.
Las hojas caídas cubrían algunas aceras.
El aire tenía ese olor particular que siempre llega cuando el verano termina definitivamente.
Caminaba sin pensar demasiado en nada cuando vi algo que me hizo detenerme.
Una mujer cruzaba la calle al otro lado de la avenida.
Su forma de caminar me resultó extrañamente familiar.
No sabría explicar por qué.
Quizá fue la forma en que levantó ligeramente el rostro para apartar el cabello del viento.
Quizá fue simplemente una intuición.
Pero en ese momento supe algo.
Antes incluso de verla bien.
Era ella.
Caroline.