Lo que oyen los grillos

El reencuentro

Durante unos segundos no pude moverme.

La multitud seguía caminando a mi alrededor.

Los coches pasaban.

La ciudad seguía su ritmo.

Pero para mí todo se volvió extraño, distante.

Caroline estaba a pocos metros de mí.

Y sin embargo parecía haber todo un mundo entre nosotros.

Había cambiado.

Naturalmente.

Los años habían dejado su huella de una forma suave, casi imperceptible.

Pero sus ojos…

Sus ojos seguían siendo los mismos.

En algún momento levantó la mirada.

Y entonces me vio.

Se quedó completamente inmóvil.

Durante un instante ninguno de los dos dijo nada.

Ni siquiera nos movimos.

Era como si los dos estuviéramos intentando comprender si aquello era real.

Finalmente fui yo quien cruzó la calle.

Cada paso parecía más lento que el anterior.

Cuando estuve frente a ella, Caroline sonrió.

Una sonrisa pequeña.

Insegura.

—Hola, John.

Escuchar su voz después de tantos años fue como abrir una puerta que llevaba demasiado tiempo cerrada.

—Hola, Caroline.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.