Lo que oyen los grillos

Despedida

La noche comenzaba a caer.

Las primeras luces de la ciudad se encendían.

Caroline se levantó lentamente.

—Debo irme.

—Lo sé.

Nos quedamos frente a frente durante unos segundos.

Como si ninguno de los dos supiera exactamente cómo despedirse.

Finalmente Caroline dio un paso hacia mí.

Y me abrazó.

Fue un abrazo largo.

Silencioso.

Cuando se separó tenía los ojos brillantes.

—Me alegro de haberte vuelto a ver.

—Yo también.

Caroline sonrió una última vez.

—Cuida de esos recuerdos, John.

—Siempre lo he hecho.

Se giró lentamente.

Y comenzó a caminar por la avenida.

No miró atrás.

Pero tampoco hacía falta.

Porque los dos sabíamos algo.

Algunas historias no terminan.

Simplemente… se quedan viviendo en la memoria.

Y mientras la veía alejarse entre las luces de la ciudad comprendí algo que nunca había querido aceptar.

A veces el amor no desaparece.

Simplemente llega demasiado pronto.




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