Un día como cualquier otro, caminando por ese andén largo, interminable.
Cada paso parecía eterno.
La gente iba y venía con su prisa de siempre, pero ese día había algo distinto.
Un olor.
Un olor familiar, diferente al de todos los días.
De esos que no se olvidan.
De pronto me detuve un segundo.
No sabía de dónde venía, pero lo sentía cerca.
Era olor a sahumerio.
Y sin pedir permiso, ese aroma me llevó directo al pasado.
A momentos que creía guardados.
A recuerdos que, tal vez, nunca se habían ido.
Caminé un poco más lento.
Como si quisiera quedarme ahí, respirándolo.
Porque a veces un simple olor
es capaz de devolverte
a todos los lugares donde alguna vez fuiste feliz.
Editado: 18.03.2026