A veces una sube…
sin darse cuenta.
De a poco, casi en silencio,
como quien no quiere ilusionarse demasiado,
pero igual lo hace.
Se acostumbra a la altura,
a esa sensación liviana de que todo puede salir bien,
a creer que esta vez… sí.
Y desde ahí arriba,
todo parece distinto.
Más claro.
Más fácil.
Más posible.
Hasta que algo cambia.
No siempre es un golpe seco,
a veces es apenas un gesto,
una ausencia,
una palabra que no llega.
Y entonces… se cae.
Pero no duele por la caída en sí.
Duele la altura desde la que una se tiró sin saber.
Porque cuanto más arriba te permitiste sentir,
más fuerte es el ruido cuando tocás fondo.
Y ahí entendés…
que no fue el golpe lo que te rompió,
fue haber creído
que esta vez
ibas a aterrizar distinto.
Editado: 07.04.2026