El destino me llevó por otro rumbo.
Uno distinto al que yo creía querer.
Al principio dolió,
como duelen las cosas que no entendemos,
como incomoda todo lo que no elegimos.
Pero con el tiempo…
empecé a mirar mejor.
Y entendí que no era un desvío,
era un traslado.
Porque a veces uno insiste en quedarse
en lugares que ya no le pertenecen,
y es la vida —o el destino—
la que se encarga de empujarte
aunque no estés listo.
Hoy no sé si este era el lugar al que quería llegar,
pero empiezo a sospechar
que sí era al que necesitaba.
Porque quizás nunca se trató de perder el rumbo…
sino de encontrar uno que sí fuera mío.
Editado: 07.04.2026