En un viaje de subte, en ese vagón lleno de gente y silencios, empecé a notar algo.
Rojo.
Primero fueron unos anteojos.
Después un bolso apoyado contra una pierna apurada.
Una remera que resaltaba entre tanto gris.
Un vaso térmico sostenido con fuerza.
Uñas recién pintadas.
Pulseras que tintineaban con cada movimiento.
Todo rojo.
Mi color favorito.
Y entonces me quedé pensando…
¿Será casualidad?
¿O hay cosas que insisten en aparecer hasta que una entiende?
Porque el rojo no pasa desapercibido.
El rojo irrumpe.
El rojo arde, late, avisa.
Como todo lo que una siente… pero intenta callar.
Y en ese instante lo entendí.
No era el color el que me perseguía.
Era todo lo que vengo evitando… haciéndose imposible de ignorar.
Porque hay emociones que no se esconden en silencio.
Se filtran.
Se repiten.
Se visten de cualquier forma…
hasta que te obligan a mirarlas de frente.
Editado: 26.04.2026