Un día más de rutina.
Un día más de trabajo.
Un día más llegando con las pocas fuerzas que quedan,
con el cuerpo cansado y la cabeza llena.
Un día más subiendo esas escaleras
que parecen no terminar nunca.
Y en medio de ese esfuerzo, una pregunta que vuelve, siempre:
¿por qué soy yo la que tiene que adaptarse a la sociedad…
y no la sociedad a mí?
¿Será que siempre fue así?
¿O será que recién ahora me estoy dando cuenta?
A veces siento que las personas como yo somos invisibles.
Que pasamos, estamos… pero no existimos del todo.
Nunca somos realmente escuchadas.
Solo escucho una palabra que se repite en todos lados: inclusión.
La dicen en discursos, en campañas, en papeles.
La adornan, la muestran, la venden.
Pero yo…
yo nunca la vi.
Porque estos escalones duelen.
Y no por el cansancio,
sino por la indiferencia.
Porque estos escalones no son míos,
no me pertenecen.
No se dan cuenta que hay personas que necesitan un ascensor,
que aunque quieran, no pueden con tanto.
Con tanto esfuerzo…
y con tanta indiferencia.
Entonces me pregunto, bajando un escalón más:
¿la inclusión existe…
o es solo una palabra linda que queda bien decir?
Editado: 26.04.2026