Hay días en los que dar todo no alcanza.
En los que una se entrega completa, sin guardarse nada,
y aun así… queda esa sensación de vacío,
como si lo hecho nunca fuera suficiente.
El cansancio no siempre es físico.
A veces pesa más lo que no se ve:
las ganas sostenidas,
la constancia silenciosa,
el compromiso de estar, incluso cuando nadie lo nota.
Frustra dar tanto
y sentir que del otro lado apenas llega algo.
Frustra sostener lo que parece caerse siempre del mismo lado.
Frustra esperar sin decirlo,
apostar sin garantía,
creer incluso cuando todo duda.
Y sin embargo… sigo.
Porque hay algo en mí que no sabe hacer las cosas a medias.
Que se compromete incluso cuando duele,
que insiste aunque se canse,
que vuelve a dar, aun con las manos vacías.
Pero hoy entendí algo:
no todo lo que doy tiene que quedarse donde no crece.
A veces el verdadero compromiso
no es con los otros…
es con una misma.
Editado: 26.04.2026