Lo que pudimos ser y no fuimos

Capítulo 7

Kyle y yo nos reunimos todos los días para terminar el proyecto, en una semana logramos tener todo listo. Esta mañana los dos nos preparamos para irle a entregar el proyecto al maestro, quien nos felicita, pero aun así nos dice que deberá revisarlo más a detalle en los siguientes días.

Durante esa semana paso almorzando con Kyle y sus amigos, aunque en toda esa semana no veo al chico de ojos miel. El chico de ojos azules ha sido un buen amigo durante este tiempo, convivir con él es entretenido, sus amigos me incluyen en sus platicas, aun así, quisiera ver de nuevo al chico de ojos miel por una extraña razón.

—¿Qué les parece si vamos todos a un restaurante? — propone Freddie, animado —. Ya estamos entregando proyectos finales todos. Es para celebrar un poco.

—Me apunto — responde Warrick, levantándose con una sonrisa.

Todos comienzan a hablar a cuál restaurante ir, Charles y Arthur comienzan una pequeña discusión sobre cual restaurante es mejor: el italiano o el chino. Hablan y hablan, mientras veo mis redes sociales, ellos organizan todo super rápido, ya todo está decidido sin que yo me diera cuenta.

Dicen que los mejores momentos son los que no se planean.

—Todos están muy emocionados — una voz surge detrás de mí y hace que todos callen al instante —, pero nadie le ha preguntado a la chica mas guapa de la mesa si quiere acompañarlos.

Me enderezo en mi silla, notando mi corazón acelerarse. Kyle me lanza una mirada rápida antes de levantarse.

—¡Chase, cabrón! ¿Dónde te habías metido? — exclama, y enseguida él y los demás chicos los saludan con su típico apretón masculino.

Me pongo de pie cuando todos ya lo han saludado, sus ojos miel me erizan todos los bellos de mi cuerpo, me repara de arriba abajo y una sonrisa ladina se le sale, no cabe duda que es un chico muy guapo y tiene ese algo que no logro descifrar y que hace que mi cerebro se quede en blanco con solo su presencia.

Le ofrezco mi mano, la repara un segundo y después la toma, estrechándola fuertemente, me jala a su cuerpo y besa mi mejilla. El simple tacto de su cuerpo con el mío, su mano en mi mano y sus labios en mi mejilla me hacen acelerar el pulso.

Sonríe, y me descubro observando cada detalle: la gorra negra, la sudadera a juego, el pantalón cargo verde, los New Balance. Su cabello revuelto solo intensifica la sensación de desorden que provoca en mí.

—Chase, deja de joder a Enid —interviene Kyle con seriedad, aunque enseguida suaviza el gesto al mirarme—. ¿Quieres acompañarnos?

La atención de todos recae en mí. La tensión me obliga a volver a fijarme en Chase: su mirada es diferente, curiosa, como si intentara descifrarme.

—Claro ¿Por qué no? — respondo, y la conversación entre ellos retoma su ritmo.

Me aparto un poco para llamar a Noah. Atiende al tercer tono.

¿Sucede algo? — suena agitado.

Hoy no nos iremos juntos. Saldré con Kyle y sus amigos a comer — escucho como suspira.

¿Segura que quieres ir? — su tono es preocupado.

Si, son buenos chicos — respondo, girando apenas la cabeza hacia ellos.

¿Todos sus amigos? — pregunta con un matiz que me hace reír; la respuesta es obvia.

Si… ¿Por qué? — pregunto divertida. Lo escucho maldecir entre dientes.

Nada. Solo ve con cuidado. Y si en algún momento te sientes incomoda, llámame y voy por ti — dice rápido, antes de que alguien (su entrenador, supongo) lo interrumpa. Se despide sin más.

Suspiro y guardo el teléfono dentro de mi sudadera, veo por el ventanal de las enormes ventanas que hay en la cafetería, es cielo nublado avisa que pronto comenzara una tormenta.

Suspiro viendo como los estudiantes pasan de un lado a otro, algunos apurados por entregar ciertos trabajos, otros felices y algo que otro triste.

Es raro ser una de las chicas mayores aquí, tener un poco más de experiencia, debería de ser un ejemplo para todos esos chicos que usualmente me saludan cuando me ven pasar, o incluso ser una mejor compañera. Pero me siento estancada en un punto que no sé a dónde mirar.

Un leve dolor en mi cabeza me hace tambalearme. Siento unas manos firmes rodeándome la cintura; Chase me sostiene con cuidado. Mi cabeza se pega a su pecho, su respiración cálida y la fragancia de su loción aceleran mi corazón.

Me aparto de inmediato, intentando recuperar el control.

—¿Estas bien? — pregunta, escudriñándome como si intentara encontrar algo mal en mí.

Ya no hay nada que me afecte, nada que recuerde la tormenta que tanto miedo me dio hace años. Pero cuando me mira, siento algo extraño, desconocido, moverse dentro de mí.

—Si todo está bien — susurro, levantando la vista hacia él; es alto, y tengo que alzar un poco la cara para encontrar sus ojos.

—¿Habías tenido estos mareos antes? — pregunta, con voz suave.

—No — respondo, acomodándome nerviosa —. ¿Y los demás?

—Acaban de adelantarse al restaurante — sonríe, metiendo las manos en ls bolsillos de su sudadera—. Si no te incomoda, puedes venir conmigo.



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En el texto hay: amor, crecer, amistad cariño

Editado: 26.08.2025

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