“El tiempo corre” Adric, mayo de 2120 No podía gritar. Tenía la boca llena de algo grande y viscoso que le ocupaba toda la cavidad. Tampoco podía moverse. Sentía una pared tras de sí y un cuerpo que la apisonaba. Abrió los ojos, pero solo veía sombras en una penumbra anaranjada. Volvió a cerrar los ojos. El olor agrio que entraba por su nariz se cortó de golpe. Ahora no podía respirar. Se incorporó de golpe en su cama, buscando oxígeno de manera desesperada. Estaba cubierta de sudor y el aire entraba y salía de su cuerpo con un ritmo frenético. Se puso los dedos en la boca buscando algún rastro de ese sueño tan real que acababa de tener. Se palpó el pecho, las piernas, pero todo parecía estar en orden. Dària dormía a su lado y la visión le hizo apaciguarse de alguna manera. Todo había sido una pesadilla, estaba a salvo. Todo estaba bien, por ahora. Cuando intentó dormirse de nuevo, le fue imposible. No paraba de darle vueltas al encuentro con el Bocas, a Ter y su extraño comportamiento, a la conversación que tuvo con ella antes de marcharse. —¿Cómo has dicho que te llamabas? —Mara. Me llamo Mara. —Genial, yo soy Ter. ¿Eres la colega de Nela, verdad? Te he visto alguna vez con ellos. Mara sopesó la conveniencia de marcarse como amiga de Nela para todo lo que tenía que venir. —Sí, bueno. Nos conocemos del mercado y de coincidir algunas veces en la plaza, pero en realidad no voy mucho con ellos. —Son majos. Y tú también lo pareces. En fin, espero verte más por aquí. Y con esa última frase, dio media vuelta y se marchó. Recordar todo aquello la incomodó, no tanto por lo ocurrido con Ximo como por haber caído en gracia a alguien como Ter, imprevisible y difícil de leer. Quizás era una suerte. Quizás le sirviera para su infiltración. Después de la colecta de la mañana, Mara estaba cansada. Esta vez habían ido más lejos para buscar árnica, que tenían con reservas escasas. La comida, aunque a base de polvos corporativos diluidos en agua caliente, le sentó muy bien. Había pensado en echarse un rato, pero el cuerpo le pedía estar con Nela. Todo lo de la noche anterior, y lo que Mara tenía en mente para después, acabaría tocando la relación con Nela. Una cosa era mentirle a Dària o a Josep, que no sabrían ni dónde se encontraba Omega, ni lo que allí sucedía. Pero a Nela le debía explicaciones. Puede que fueran medias verdades, pero debía tejerlo todo bien para no perderla del todo. La respuesta de Nela en el dispositivo, 'Por supuesto, aquí estoy, esperándote', le hizo sentir urgencia por estar con ella, por disfrutarla. Nela abrió la puerta del bajo y le sonrió. Solo ese gesto ya podía encender en Mara todos los receptores sensitivos. La invitó a pasar y cerró la puerta tras ella. La casa olía a incienso y a algo dulce. La siguió hasta la cocina, en donde ella se puso a preparar unas infusiones. Cuando terminó, le dio una de las tazas y se sentaron cara a cara en la pequeña mesa que había en el centro de la estancia. Nela la miró mientras soplaba su taza. —Tienes cara de no haber dormido. —No mucho, la verdad —admitió Mara. Nela se levantó y llevó su silla al lado de Mara. La luz de la tarde entraba por una ventana estrecha y tintaba la piel de su amiga, haciéndola parecer miel. Nela la miró sonriendo. —¿Qué pasa? —preguntó Mara, contagiada por la sonrisa. —Nada. Le acarició la mejilla y le dio un beso suave, sin prisas ni exigencias. Se separó para mirarla y vio el brillo en sus ojos. Sintió sus manos deslizarse por su nuca y sus pulgares acariciándole. Mara sintió cómo se derretía. Con Nela todo era distinto. Su cuerpo respondía sin pensar en nada más que en ella. Después de unos cuantos besos dulces y pausados, Nela se apartó un poco y apoyó la frente en la suya. —¿Esta tarde vas a la Atalaya a ejercer de funcionaria o te puedes quedar conmigo? —preguntó con guasa. Mara suspiró, desviando la mirada. Ya empezaba la actuación. —En un ratito me voy, sí. Tengo mucha documentación que organizar. —Qué emocionante. —No te haces una idea. Nela rio y le dio un beso corto en la nariz. Después volvió a su infusión. —¿Al final te quedaste anoche en casa descansando? Ahí estaba, el siguiente nivel de la Gran Mentira. Había ensayado mentalmente qué decir, pero ahora, con esos ojos que la desarmaban, mirándola de cerca, no pudo más que decir parte de la verdad. —No. Fui a Omega. Nela frunció el ceño, esperando más explicación. —No sé… A última hora me entraron ganas de salir y pasar el rato. —Ya… —Nela se recostó en la silla— ¿Y qué tal? —Bien, estuve con estos, bailé un rato. Tomé algo… Nela no respondió, seguía mirándola. Mara se vio en la necesidad de continuar. —Gon me dio Bruma. Nela sacudió la cabeza sonriendo, y Mara sintió que quizás podía contarle parte de la verdad sin consecuencias. —Conocí al Bocas y a su hermana. La frase quedó flotando entre ellas. Nela tardó unos segundos en reaccionar. —Mara, en serio. Esa gente… —Me cayeron bien —la interrumpió—. Estuvimos charlando de cosas banales. No parece tan malos. Nela suspiró. —No me creo que el Bocas no te tirara la caña. Mara dudó. No quería entrar en detalles sobre Ximo, sobre sus manos, sobre el asco que aún sentía. —Bueno, lo intentó —dijo sonriendo—. Pero Ter le cortó el rollo y todo siguió normal. Creo que conectamos y que podríamos… no sé, llevarnos bien. Nela se levantó de la silla y fue hasta el fregadero en donde empezó a limpiar la taza. —Mara, estás pisando terreno pantanoso. —Pero ¿por qué? —Porque el Bocas es un hijo de puta y Ter no es lo que parece. Es impredecible y violenta. Y vamos, que los dos están con la Marquesa y con toda esa mierda que se llevan entre manos, hasta la muerte. —Ya lo sé. —No. No creo que lo sepas. —Se giró para mirarla—. No tienes ni idea de cómo funciona ese mundo. Puedes acabar muy mal. Yo estuve al borde, pero supe reaccionar a tiempo. A ti te veo muy lanzada hacia la boca del lobo… Mara sintió cómo el bienestar que ocupaba su cuerpo hacía unos segundos se evaporaba, sustituido por una tensión incómoda. —Nela, soy mayorcita. Sé cuidarme. —¿Ah, sí? ¿Cómo te cuidaste el día de la paliza? El golpe fue bajo, pero certero. Mara apretó la mandíbula. —Eso fue diferente. —No, Mara… Te dieron una paliza porque a la Marquesa le apeteció ese día que tenía los cables cruzados. Y esta gente con la que ayer lo pasabas bien, son sus peoncitos. —Ter no es su peón. —Es parte de ellos, Mara. Da igual cómo lo llames. Se quedaron en silencio. El incienso seguía quemándose en algún rincón, pero el olor ya no era agradable. Mara se levantó. —Tengo que irme. —Mara… —No estoy enfadada —le contestó, contradiciendo su actitud—. Tengo… tengo que ir a la Atalaya. Nela agachó la cabeza. Cuando Mara llegó a la puerta, escuchó su voz a sus espaldas. —Ten cuidado, por favor. Si vas a Omega esta noche y quieres que te acompañe, solo dímelo. Mara no contestó. Salió a la calle y la luz anaranjada le hizo entrecerrar los ojos, lo que hizo que se le escapase una lágrima. Estaba enfadada con ella misma por tener que traicionar, con Adric por obligarla a hacerlo, con la Tierra entera por echarla a prisas para sobrevivir. El muro trasero de la Atalaya se alzaba gris, separando dos mundos opuestos. Mara se identificó en la puerta, con el cuerpo cansado y la cabeza llena de tristeza. Siguió al dron que la había escaneado hasta la gran cristalera. Allí, en el salón, estaba Adric sentado en uno de los sillones ergonómicos, leyendo un libro. —Llegas muy pronto, ¿no? —le dijo, mirándola. Ella se sentó abatida en el sillón contiguo. —Sí, necesitaba huir de donde estaba. Espero que no te importe. —No. Así entrenaremos más. Dejó el libro en la mesa central. —¿Fuiste anoche? Ahí estaba. La pregunta directa, sin introducción, sin filtro. Quedaba claro qué era lo único que importaba. Salvar su culo. —Sí. —¿Y? —Nada nuevo. Adric desvió la mirada al jardín. Su expresión era de fastidio contenido. —¿Nada nuevo, Brell? Parece que no te has enterado de la magnitud de todo esto. Necesito información. —Y yo necesito tiempo —Mara notó cómo la rabia le encendía la cara—. No puedo entrar ahí y preguntar directamente por Dalmau. Me matarían. —Pues hazlo de otra forma. Pero rápido. —¡Estoy en ello! —estalló—. Anoche conocí a alguien que puede servirme de entrada al núcleo, pero estas cosas no se hacen en dos días. Adric la miró fijamente, calculando. —¿Quién? —La hermana de uno de los esbirros de la Marquesa. Ella no está metida del todo, pero se mueve entre ellos. —Bien. Eso puede servir. Pero no te duermas, Mara. El tiempo corre. —El tiempo corre para mi hermana, no para ti. Lo dijo sin pensar, con toda la bilis acumulada. Adric entrecerró los ojos, pero no respondió. Se levantó y se dirigió a la puerta que daba al atrio. —Vamos a entrenar. Hoy reforzaremos el combate cuerpo a cuerpo, por si lo necesitas en Omega. Mara no sabía cómo tomarse aquello. ¿Estaba hablando en serio? ¿De verdad creía que unas clases de pelea iban a salvarla si las cosas se torcían allí dentro? Y si era broma, aún era peor. Que se permitiera bromear con algo así, con el infierno al que la había enviado, la hizo odiarlo con fuerza. Llegaron al gimnasio. Las luces se encendieron a través de las paredes. Estuvieron calentando cada uno por su lado. Cuando él paró, se puso en medio del espacio. —Cuando quieras. Mara no dudó. Se lanzó hacia delante con una furia que ni ella misma reconocía. Todo lo de Nela, todo lo del Bocas, todo lo de Ter, todo lo de Dària, todo lo que no podía controlar, salió por sus puños. Golpeó fuerte, con rabia. No se concentró en la técnica, solo en canalizar la ira. Sentía los nudillos arder, los músculos doloridos, pero no le importaba, estaba totalmente cegada. Adric iba frenando, bloqueando, apartándose. En un momento dado, Mara vio una apertura. Lanzó un golpe lateral que impactó en las costillas de Adric. Él se dobló levemente, sorprendido. Mara se detuvo, jadeando. Él se llevó la mano al costado y la miró con una expresión de sorpresa y dolor, aunque Mara también pareció atisbar algo parecido al respeto. —Vaya… —murmuró acercándose a ella—. Parece que la furia te sienta bien, Brell. Mara le miró fijamente mientras intentaba recuperar la respiración. Los puños todavía cerrados, furiosos. Se quedó a centímetros de ella y su mirada gris e intensa se dirigió a los labios de Mara. Otras veces, esa cercanía la habría hecho dudar. Pero no en esos momentos. Ahí solo había rabia. Se apartó y alzó los puños enrojecidos. —Otra vez —le dijo. Adric alzó una ceja y se recolocó. Ella volvió a lanzarse hacia él. No había terminado.
La biblioteca en Booknet es una lista útil de libros, donde puede:
guardar sus libros favoritos
ver fácilmente las actualizaciones de todos los libros de la biblioteca
estar al tanto de las nuevas reseñas en los libros
Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.