“¿Qué coño sabes tú de nada?”
Ter, septiembre de 2120
Lo primero que sintió Mara cuando volvió a Omega fue que la música le taladraba los oídos de una manera más agresiva. Quizás su cuerpo empezaba a rebelarse y buscaba otras formas de mostrarle el rechazo.
La segunda cosa que notó fue que el Bocas no estaba borracho. Lo vio bajo la Guarida, apoyado en la pared, con los brazos cruzados y la cabeza gacha. No bailaba, no manoseaba, no se reía. Cuando levantó la cabeza y se miraron, él se incorporó y se acercó deprisa. Mara entendió que estaba esperando a que ella llegara y, por la expresión que traía, no con buenas intenciones.
Cuando llegó a su altura la agarró bruscamente del brazo y tiró de ella hasta el cuartucho, en el que no había nadie. Entraron, cerró la puerta y la empujó contra la pared presionándole las mejillas con rabia.
—¿Te acuerdas de la otra noche? —No vocalizó apenas, con los dientes apretados.
—¿De qué? —dijo Mara a duras penas.
—No me jodas, Mara —La apretó más fuerte. Mara sentía el dolor en el interior de sus mejillas—. ¿Te acuerdas?
—No sé, Ximo… Estabas muy borracho. No te entendí casi nada. No me acuerdo.
—Ya, pero yo sí me acuerdo.
La soltó y se dio la vuelta mientras se pasaba las manos por la cara. Mara intentó mantener la calma y respirar profundamente.
—Ximo, yo no voy a…
—¡Cállate! —Volvió a ella de un salto y le apretó el brazo con fuerza—. Si le cuentas algo a alguien, te mato. ¿Me oyes? Te mato yo mismo y te dejo tirada allá a donde te puedan comer los buitres.
—No voy a decir nada.
—Sí… Y te tengo que creer…
—Te lo juro.
Acababa de soltar una de las mentiras más grandes en su carrera como superviviente.
Él la miró fijamente, buscando la traición en sus ojos. Mara le sostuvo la mirada sin pestañear, aunque por dentro el miedo la deshacía.
Ximo la soltó y volvió a apartarse. Se sentó en el intento de sofá, se mordió las uñas. Se levantó y caminó con las manos en la nuca.
—No puedo dejarlo así —murmuró.
El pánico le aflojó las rodillas. Iba a matarla allí mismo y no pasaría nada. Allí no había drones ni cámaras ni alguaciles ni vigilantes.
Cuando volvió a mirarla, su expresión era resolutiva, incluso sonrió.
—Vas a entrar.
—¿Cómo?
—Vas a formar parte del plan. Es la única forma de tenerte vigilada.
Algo se aflojó en su pecho, no era lo más grave, pero ¿cómo iba a poder disimular en primera línea? Ahí no podía esconderse.
Ximo se acercó de nuevo. Ya no había violencia en sus gestos o sus palabras. Había vuelto el Bocas. Acercó mucho su cara, tanto, que Mara sintió el aliento fétido. Le pasó un dedo por los labios.
—Así te tendré más cerquita —Le dio un beso reseco y rio como un desquiciado—. Los dos actuando juntos, Mara… ¿Te imaginas? A mí se me pone dura…
La cogió de la mano y tiró de ella hacia la puerta. El tacto húmedo de su palma le dio asco, pero Mara se dejó llevar, la mente ya en otro sitio. Tenía que contárselo a Adric. Pero primero tenía que sobrevivir a esa noche.
—Vamos a hablar con Serna. No le va a hacer mucha gracia, pero él confía en mí.
Lo encontraron cerca del círculo de peleas, observando un combate, con los brazos cruzados. Cuando el Bocas se puso a su lado con Mara, la expresión de Serna indicó fastidio.
—¿Qué quieres?
—Tenemos que hablar. —Ximo miró a su alrededor—. A solas.
Serna caminó hacia el pasillo del cuartucho, seguido por Ximo y Mara. Una vez allí, cabeceó para indicarle al Bocas que hablase.
—Mara entra en el plan —sonrió e intentó sonar casual.
En la última sílaba, Serna ya le había cruzado la cara con tanta fuerza que trastabilló y chocó con la otra pared. Mara se apartó unos pasos por instinto.
—¡Pero cómo puedes ser tan gilipollas! —Serna lo agarró del cuello de la camiseta y lo zarandeó—. ¡Tienes un problema con los coños!
Serna miró a Mara con desprecio y le dio la espalda para preguntarle a Ximo en un susurro:
—¿Qué le has contado?
—Todo —admitió el Bocas, escupiendo sangre—. Estaba… ya sabes…
—Joder —lo soltó con un empujón de asco—. Es que el nombre te lo ganas a pulso, subnormal… La Marquesa va a flipar.
—Me hago cargo. Mara es una tía guay. —Se giró y le sonrió con los dientes rojos—. ¿Verdad, Marita?
Mara sonrió levemente y asintió. Serna se le acercó y parecía traer un muro de oscuridad que la echaba hacia atrás. La cogió de la barbilla y se la levantó.
—La Marquesa ya intentó eliminarte una vez… Volviste con un par de ovarios y eso parece que a ella la ha puesto cachonda, aunque no es tonta, no lo olvides... No tientes a la suerte que has tenido hasta ahora.
Siguió mirándola unos segundos eternos antes de soltarla. Después se giró hacia el Bocas de nuevo.