Lo que queda atrás

Has aprendido bien

“Has aprendido bien”

Adric, septiembre de 2120

El verano estaba llegando a su fin. Mara lo notaba en cómo empezaban a refrescar las noches, dando un respiro al calor abrasador del día.

De camino a Omega pensó en lo cerca que estaba noviembre y su partida hacia Viridia. La salvación de Dària, el abandono de Josep, de su vida, de todo lo que había conocido hasta ahora.

Reflexionaba sobre todo esto cuando se cruzó con Nela.

En una de las últimas calles antes de abandonar el sector, justo donde las luces empezaban a escasear. Nela venía en dirección contraria, con el pelo suelto, algo que no solía llevar, y con la cabeza gacha.

Cuando levantó la vista y la vio, las dos se detuvieron.

Mara sintió el corazón acelerarse. La miró —el pelo cayéndole sobre los hombros, sus ojos, sus labios…— y solo quiso abrazarla.

—Te echo de menos, Mara —dijo Nela con la voz rota.

—Yo también te echo de menos.

—Ya…

Nela no le pudo sostener la mirada y volvió a bajar la vista al suelo. Mara, en cambio, no podía apartar los ojos de ella.

—Pues veámonos —soltó de pronto, sorprendiéndose a ella misma—. Quedamos, hablamos, lo que sea.

Nela la volvió a mirar.

—No mientras vayas con ellos.

Mara sintió ganas de llorar y se acercó a ella hasta que estuvo tan cerca que podía olerla. Le puso las manos en la cintura y la atrajo hacia sí, quedando sus caras a centímetros.

—Me quedo contigo esta noche —murmuró.

La mirada de Nela estaba manchada de tristeza.

—¿Y mañana, Mara? ¿Volverás con ellos?

Quiso decirle que no, que ya no volvería. Que dejaría todo aquello para pasar los últimos días en la Tierra con ella. Pero no pudo, no podía hacer eso.

—Sí. Es lo que tengo que hacer.

Nela le quitó las manos de su cintura y se apartó.

—¿Cómo que es lo que tienes que hacer? —La miraba con una mezcla de incredulidad y dolor—. ¿Qué coño significa eso, Mara?

Mara iba a contestarle, pero no supo qué decir. ¿Cómo le iba a contar que era un topo en los esbirros de la Marquesa? ¿Qué cada noche se perdía un poco más? ¿Qué cada día la espiral de su pecho se iba apagando?

Nela sacudió la cabeza ante la falta de respuesta y empezó a caminar.

—Está todo perdido, Mara. Todo.

Se quedó sola en la calle, viéndola alejarse. Aún sentía en las manos el tacto de su cintura y solo tenía ganas de llorar.

Al llegar a la nave, Mara se abrió paso entre la gente buscando a Ter, pero no la encontró. Ximo tampoco estaba a la vista. Solo vio a Roco, a Iago y algunos amigos de Nela.

Se quedó un rato merodeando por allí, viendo alguna pelea, charlando con algunos. Después de la primera bebida sintió la necesidad de ir al lavabo, al final del pasillo estrecho por donde se entraba al cuartucho. El baño estaba mal iluminado con unos tubos de tritio clavados en la pared, robados de alguna salida de emergencia. El olor a meados era insoportable.

Cuando terminó, se lavó las manos con el hilo de agua que salía del grifo y, cuando abrió la puerta y salió, apareció Ximo bloqueándole el paso con todo su cuerpo y una sonrisa torcida.

—Te estaba buscando, Mara.

Tenía las pupilas completamente dilatadas, negras como las de una rata.

—Aparta, Ximo.

—No.

No se movió. Solo la miraba con hambre y fiereza.

—He sido muy paciente contigo —dijo, avanzando despacio hacia ella—. Mucho. Pero se acabó.

—Ximo, no la cagues, en serio.

—No la cago, Mara. Solo estoy forzando un poco lo que los dos queremos.

Se llevó las manos al pantalón y empezó a desabrocharlo.

Mara retrocedió hasta que su espalda chocó con la pared viscosa. No tenía salida.

Él se bajó la cremallera sin dejar de mirarla.

—Yo sé que te mueres de ganas.

Se lanzó hacia ella. Las manos rugosas le atraparon la cara y a un centímetro de rozar los labios, algo explotó dentro de Mara. La furia que llevaba tantos meses tragando hizo que su cuerpo reaccionara a propulsión.

Le clavó las uñas en el ojo derecho y tiró hacia abajo.

El Bocas aulló, se llevó las manos a la cara, y Mara aprovechó para darle un rodillazo en la entrepierna. Cuando se dobló de dolor, le dio una patada en el pecho que lo lanzó como un trapo al pasillo.

Cayó tendido de lado, cuan largo era.

Y Mara siguió.

Ningún pensamiento pasó por su mente, solo existía la rabia que sacaba de su cuerpo con cada golpe.

Le pegó una patada en el costado, otra en la cara. Él gritaba intentando levantarse, pero ella ya no lo oía. Quería hacerle daño, quería cargarle todo el dolor que tenía dentro. Aunque él no fuera un tumor, aunque él no la hubiera alejado de Nela. Quería que sintiera una fracción del miedo y la desesperanza que ella sentía.




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