“¡Alto, deténgase!”
Dron de vigilancia, octubre de 2120
Mara despertó con dolor de cabeza y sin ganas de afrontar el nuevo día, tanto por el estado en el que se encontraba como por lo que le esperaba al atardecer. Finalmente, sacó fuerzas de donde pudo, se levantó e intentó despejarse con una buena ducha.
Pasó el día intentando aparentar normalidad en el mercado y en casa, pero cuando más cerca estaba la tarde, más nerviosa se sentía. Aun sintiéndose así, no quiso ir a la Atalaya. Ella no necesitaba entrenamientos o repasos del plan, ella quería un abrazo y palabras cálidas y eso no lo encontraría allí.
Cuando el sol empezaba a caer, salió de casa alegando lo mismo de siempre “Voy a salir un rato”. Dària, que había disfrutado de tenerla esa semana en casa, la miró decepcionada. Mara no le dio la oportunidad de decir nada porque, justo después de decirlo, salió sin mirar atrás.
El camino hacia los Márgenes fue largo y farragoso. Cuanto más se acercaba, más lejos estaba de la protección que podía ofrecerle el sistema.
Al llegar a la zona de Omega, un movipod pasó a su lado en dirección contraria. Miró por instinto y reconoció el perfil rígido y elegante de Dalmau, alejándose del conflicto que él mismo había ideado junto con la Marquesa. Cobarde elegante.
La nave estaba más llena de lo habitual y Mara entró intentando parecer tranquila, pero el corazón le latía tan fuerte que pensaba que los demás podrían escucharlo. Buscó a Ter con la mirada y la vio cerca de las escaleras de la Guarida, hablando con Sesi. Cuando sus miradas se cruzaron, Ter le hizo un gesto seco con la cabeza. Eso la inquietó más todavía, pues no encontró ningún gesto que le dijera que no la iban a matar allí mismo.
Mara se acercó hasta ellas.
—Llegas tarde —le dijo Ter cuando llegó a su lado.
—He venido lo más rápido que he podido.
—Ya. No olvides que esta noche no hay margen para errores.
En un barrido rápido, Mara vio a Serna al fondo, dando instrucciones a un grupo que parecía disponerse a luchar. Roco estaba en una esquina, escaneándolo todo, con los brazos cruzados.
Antes de poder mirar tras ella, Mara se sintió observada, y lo confirmó al darse la vuelta del todo y ver al Bocas, apoyado contra una columna. Tenía la cara destrozada. El ojo derecho, donde ella le había clavado las uñas, estaba rodeado de un hematoma amarillento que se extendía hasta la mejilla. Los arañazos eran costras oscuras y el labio superior parecía más grande de lo normal.
Todo eso se lo había hecho ella y, en esos momentos, desde la distancia en el tiempo, se arrepintió más todavía.
Volvió a girarse hacia Ter y Sesi e intentó concentrarse en la conversación.
La Marquesa apareció por allí media hora después, escoltada por Yago. Ella había llegado más tarde todavía, pero nadie tendría el valor de decírselo. Con dos movimientos de cabeza, indicó a sus esbirros que subiesen a la Guarida.
Mara subió con el grupo. Ter y Sesi iban tras ella y, al final, Ximo. Parecía que querían crear una barrera entre ella y él.
Cuando llegaron arriba, el grupo se organizó en semicírculo frente al trono en el que estaba sentándose la Marquesa.
—Bien —dijo, paseando la mirada por los presentes—. Repasemos.
Serna acercó una mesa metálica, posó un mapa sobre ella y empezó a explicar. Se dividían en tres grupos: el primero, de asalto, entraría en la subestación y sabotearía los generadores. El segundo crearía una distracción en el extremo norte del sector, atrayendo cualquier vigilancia. El tercero, se quedaría cerca de la subestación, vigilando las diferentes calles que desembocaban allí.
—Sesi, con Ter, Mara y Ximo, saldréis segundos —le dijo Serna a Mara, señalando un punto en el mapa—. Os colocáis aquí, aquí, aquí y aquí como ya hablamos. Si veis algo raro, mensajes clave por los dispositivos. Si todo va bien, no os movéis hasta que os demos la señal.
—Entendido —dijo Mara.
El Bocas asintió sin decir nada, pero Mara vio cómo sus ojos se desviaban hacia ella con el semblante del triunfador. La iba a matar antes de entrar al sector, ella lo tenía claro.
Serna y la Marquesa siguieron hablando, pero Mara ya no escuchaba, solo podía pensar en salir de allí y llegar al sector cuanto antes. Ponerse bajo la protección de Adric, aguantando un poco más.
Cuando terminaron la reunión y se disponían a salir, la Marquesa cogió a Mara del brazo.
—Lobita —Le clavaba las uñas ligeramente—, una semana sin aparecer por aquí… Espero que esta noche me demuestres que ha valido la pena volver a recibirte como una más. —La soltó y le acarició la mejilla con el dorso de la mano—. Cuando esto acabe y pueda entrar al sector, igual me paso a conocer a esa hermana tuya. Me han dicho que es un encanto.
Mara no pudo tragar saliva, se le había secado la boca.
—Mi hermana no tiene nada que ver con esto —dijo, odiando cómo le temblaba la voz.
—Claro que no, lobita. —Sonrió—. Solo digo que me gustaría conocerla. Siempre es bueno saber quién espera en casa a mi gente.
Se apartó y Mara bajó las escaleras con las piernas temblando.