A Jimena le invadió una calidez dulce al escuchar a su amor hablar sobre protegerla; esas palabras eran el ancla que la mantenía completamente enamorada de Marco. Jimena siguió contándole sobre su vida, dejando salir esos pequeños detalles que le pesaban en el día a día.
—A veces mi mamá no me deja comer lo que yo quiero —le confesó con un rastro de resignación—. Yo siempre quiero algunos dulces, pero ella solo me da uno al día. Me mira como si fuera un delito querer un poco más de azúcar, ¿sabes?
Lo decía con su sonrisa de siempre, esa que usaba como un escudo para no preocupar a Marco más de la cuenta, aunque por dentro se quedara con las ganas de más. Sin embargo, decidió dejar de hablar de sus propias limitaciones para centrarse en él.
—Pero cuéntame tú, amor, ¿cómo te fue hoy? ¿Por qué estabas mal?
—Marco soltó un suspiro largo, de esos que parecen cargar el mundo entero.
—Es lo de siempre, vida. Me esfuerzo en el trabajo y en casa para que al final nadie valore nada. Pero lo que me rompe es mi hermano... se burla de mí, inventa cosas y me hace sentir como un extraño frente a mi propia familia. A veces estoy en la mesa con ellos y me siento invisible, o peor, como el blanco de sus bromas.
Jimena apretó el teléfono contra su pecho, deseando poder cruzar la pantalla.
—No eres invisible para mí, Marco. No dejes que sus palabras te quiten el brillo que tienes. Tú vales mucho más de lo que ellos alcanzan a ver.
—Lo sé porque tú me lo recuerdas —respondió él, y su voz sonó un poco más rota
—Gracias por llegar a mi vida justo cuando sentía que todo estaba oscuro. Como te dije antes, eres esa estrella que ilumina mis noches y calma mis Tristezas, mi pequeña.
Al leer ese "mi pequeña", el mundo exterior se desvaneció para Jimena. Sintió un calor dulce trepando por sus mejillas, un rubor que solo él lograba provocarle incluso a través de una pantalla. Dejó el teléfono a un lado, cerrando los ojos para saborear el eco de su voz en su memoria; el corazón le latía con una fuerza tan alegre que parecía querer escaparse del pecho.
Con los dedos rozando la pantalla con ternura, como si pudiera tocarlo a él, le escribió el mensaje que le dictaba el alma:
"Te amo, mi pequeño protector. Eres mi refugio favorito".
Esa noche, Jimena no necesitó los dulces que su madre le negaba. Se quedó abrazada a ese nuevo apodo, dándole vueltas en su mente como si fuera el tesoro más delicado del mundo; era un nombre que solo le pertenecía a ella, un secreto compartido que la hacía sentir amada y a salvo.
Del otro lado, Marco vio aparecer el mensaje y, por primera vez en el día, su tormenta se detuvo. El peso de las burlas de su hermano y el vacío de su familia se disolvieron en un suspiro lleno de paz. Con los ojos humedecidos por la emoción, le respondió desde lo más profundo de su ser:
—Te amo, mi vida. Que tengas un día tan hermoso como tu sonrisa. Aunque hoy no pueda estrecharte entre mis brazos, me conformo con buscarte en la inmensidad de las estrellas... porque sé que, mientras ambos las miremos, nunca estaremos realmente lejos
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es un libro diferente espero te guste, es un libro que te atrapa al deseo
Editado: 14.05.2026