Lo que quedó de nosotros

Capítulo seis: Ecos del pasado

El lunes llegó demasiado rápido o quizás era Adrian quien había pasado todo el fin de semana intentando no pensar en este momento, sin demasiado éxito.

Bajó del auto y se quedó un instante mirando el edificio frente a él. A esa hora de la mañana, el estacionamiento ya estaba medio lleno; varias ambulancias entraban y salían por la rampa lateral, y el movimiento constante de personas con batas y carpetas le recordó por qué había empezado a odiar los hospitales mucho antes de lo que le habría gustado admitir. Detrás de él, su equipo comenzó a descargar planos, carpetas y equipos de medición con la eficiencia mecánica de quienes ya conocen la rutina.

Adrian repasó mentalmente el cronograma mientras se acomodaba los planos bajo el brazo, solo debía pensar en trabajo. Era lo único que había venido a hacer.

—Si todo sale bien, en dos semanas terminamos la primera fase de adecuaciones —comentó Alexis a su lado, sin levantar la vista de la tableta que revisaba.

—Quiero que revisen personalmente las instalaciones eléctricas antes de tocar cualquier muro —dijo Adrian.

—Ya lo tenía previsto.

—Y las salas de terapia necesitan aislamiento acústico adicional.

Alexis levantó una ceja y lo miró de reojo.

—¿Me lo estás diciendo porque es importante o porque te gusta repetir las cosas?

—Ambas…

Alexis soltó una risa corta.

—Ya te extrañaba.

Adrian negó con la cabeza y tomó los planos que necesitaba.

—Voy a buscar al doctor Whitmore.

—¿Quieres que te acompañe?

—No hace falta. —Empezó a caminar antes de que Alexis pudiera insistir.

Alexis pareció querer añadir algo, pero terminó asintiendo en silencio.

—Bien. Yo me encargo de esto.

Adrian se alejó por el corredor principal sin mirar atrás.

Los primeros minutos transcurrieron sin problemas. Pacientes entrando y saliendo, enfermeras cruzándose en los pasillos, el sonido familiar y neutro de un hospital funcionando. No era nada que no hubiera visto cientos de veces en otros proyectos. Nada que debiera afectarlo.

Entonces ocurrió… No fue algo que vio, fue algo que escuchó. Sus pasos se detuvieron solos, sin que él lo decidiera.

La puerta de una de las salas estaba entreabierta y desde el interior llegaba la voz de una mujer hablando con alguien. No distinguió las palabras. Solo el tono: suave, paciente, con esa cadencia particular que tiene la gente que sabe cómo hablarle a personas que están asustadas. Fue familiar… demasiado familiar y algo le atravesó el pecho con una precisión que no esperaba. Se quedó inmóvil. Un segundo, dos… tres.

No… no podía ser. Su corazón comenzó a latir con una irregularidad que reconoció de inmediato, la misma de siempre, la que aparecía sin aviso y tardaba demasiado en irse. Intentó convencerse de que era una coincidencia, que la mente jugaba trucos, que llevaba cinco años escuchando a Claire en lugares donde no estaba. Una vez había seguido a una mujer durante media calle porque juró reconocer su risa. La ansiedad funcionaba así: tomaba una grieta pequeña y la convertía en un abismo sin fondo.

Apretó los dedos alrededor del tubo de planos que llevaba bajo el brazo.

Respira. Solo respira.

Volvió a caminar. Un paso, luego otro. Sin mirar hacia la puerta, sin detenerse, porque estaba cansado de perseguir fantasmas. Porque ella estaba muerta. Porque llevaba cinco años enterrándola una y otra vez y cada vez costaba más trabajo. Porque necesitaba terminar este proyecto y largarse de esa ciudad antes de que algo en él terminara de romperse definitivamente.

—¿Señor Keller?

La voz lo hizo girar.

Daniel caminaba hacia él por el pasillo con varias carpetas bajo el brazo, la bata médica abierta sobre la ropa. Adrian se recompuso lo más rápido que pudo, enderezó los hombros, ajustó la expresión.

—Doctor Whitmore.

Daniel se acercó y algo en su mirada cambió apenas, una atención breve y calibrada, la clase de mirada que debían enseñar en la facultad de medicina.

—¿Todo en orden? —preguntó.

—Sí —respondió demasiado rápido que incluso él lo notó.

—¿Seguro? —Daniel lo observó un instante más, sin prisa.

—Solo una mañana larga.

Daniel no parecía del todo convencido, pero tampoco insistió, y Adrian lo agradeció en silencio. Ya había tenido suficientes personas intentando arreglarlo durante los últimos años, con distintos niveles de éxito y distintos grados de daño colateral.

—En realidad lo estaba buscando —dijo Adrian, aprovechando el silencio para cambiar el rumbo de la conversación—. Necesito un espacio temporal para trabajar durante las próximas semanas. Algo donde pueda instalar una mesa y tener los planos a mano.

Daniel acomodó las carpetas contra su pecho.

—Claro. Puedes utilizar cualquiera de las oficinas vacías del ala nueva.

—¿Cualquiera?

—La que prefieras.

Se estrecharon la mano y Daniel continuó su camino hacia el otro extremo del pasillo. Adrian giró hacia el ala en construcción.

El contraste con el resto del hospital era inmediato. Aquí el ruido se apagaba, reemplazado por el eco limpio de sus propios pasos contra paredes sin terminar. El olor a pintura fresca y madera cortada lo recibió desde la entrada del corredor, un olor que Adrian asociaba con posibilidades, con cosas que todavía podían ser distintas.

Al fondo, el guardia de seguridad lo reconoció antes de que Adrian llegara a su altura.

—Buenos días, señor.

—Buenos días. —Adrian devolvió el saludo—. El doctor Whitmore me dijo que puedo ocupar una de estas oficinas temporalmente.

—No hay problema.

Adrian avanzó por el corredor, asomándose brevemente a cada puerta. Las oficinas eran similares entre sí: el mismo tamaño, la misma luz entrando por ventanas del mismo ángulo, el mismo suelo sin pulir. Había algunas más grandes y prácticas y aun así, cuando llegó a una en particular, se detuvo.

No supo explicar por qué. Había algo en ella que lo llamó desde el umbral, algo que no tenía nombre preciso, como cuando uno reconoce un lugar sin haber estado nunca en él.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.