Lily llevaba exactamente siete días encerrada en casa, ¡siete! Los había contado todos porque siete días sin ir al hospital significaban siete días sin visitar su oficina, siete días sin avanzar en la búsqueda de su papá y siete días escuchando a su mamá decir cosas aburridas como "no puedes salir" o "es por tu salud". Por eso, cuando el auto se detuvo frente a la clínica aquella mañana, prácticamente saltó del asiento.
—No corras —advirtió Claire apenas apagó el motor.
—No estoy corriendo.
—Lily...
—Estoy caminando muy rápido.
Claire soltó un suspiro mientras bajaba del auto.
—Eso sigue siendo correr.
La niña sonrió con inocencia.
—Pero elegante.
—Lily.
—¿Sí?
—No.
La pequeña soltó una carcajada y tomó la mano de su madre mientras entraban al hospital. Varias enfermeras la saludaron apenas la vieron.
—¡Lily!
—¡Volviste!
—Sí —respondió ella con absoluta seriedad—. Ya extrañaba ver la luz del sol… otro poquito más y me convertía en vampiro —murmuró mientras se acercaba al escritorio para que Claire no la oyera.
Las enfermeras comenzaron a reír mientras Claire negó con la cabeza porque, obvio, la había escuchado; además, toda la semana estuvo mirando películas de vampiros, diciéndole que quería averiguar cómo salir sin que el sol la quemara.
—Pero era por tu bien —dijo una de las enfermeras—, podrías haberte contagiado e iba a ser peor.
Lily solo asintió y se despidió cuando su mamá terminó de dar instrucciones a las enfermeras. Caminaron y llegaron al corredor principal y Lily se soltó de la mano de su madre.
—Voy a mi oficina.
Claire abrió la boca para protestar.
—Lily...
—Solo un ratito… por favor, mami.
—No puedes apropiarte de una oficina entera.
—Ya lo hice…
Claire cerró los ojos.
—Todavía no entiendo cómo pasó eso.
—Porque soy una mujer de negocios.
—¡Tienes cinco años!
—Las mujeres de negocios también tuvieron cinco años.
Claire se quedó sin respuesta durante unos segundos y Lily aprovechó.
—Además… —La pequeña bajó la voz como si fuera a compartir un secreto importante—. Hoy siento que voy a encontrar un empleado.
Claire la observó y parpadeó una vez, luego dos, porque después de una semana había asumido que aquella idea se habría ido tan rápido como llegó. Claramente había subestimado a su hija.
—¿Sigues con eso?
—Claro.
—Lily...
—Mamá, las búsquedas importantes toman tiempo.
Claire soltó una risa incrédula.
—Ve a tu oficina antes de que cambie de opinión.
—¡Sí! —Y esta vez sí salió corriendo.
—¡Lily!
—¡Estoy caminando rápido! —La respuesta llegó desde el otro extremo del pasillo.
El guardia que normalmente vigilaba aquella zona no estaba, ya que había otro hombre sentado junto a una mesa improvisada revisando unos documentos. Ni siquiera levantó la vista cuando la pequeña pasó y Lily tampoco se detuvo porque tenía asuntos importantes… muy importantes. Empujó la puerta de su oficina y se quedó inmóvil.
—¿Eh?
Algo había cambiado, mucho; la habitación ya no estaba vacía; sobre el escritorio había planos enrollados, carpetas, lápices, una computadora portátil y varias tazas de café.
Lily entró despacio mientras sus ojos brillaban.
—¡Lo sabía!
Corrió hacia el escritorio. Bueno… corrió un poco y observó los planos abiertos; aunque no entendía nada, parecían líneas, cuadros, números, pero alguien estaba trabajando allí. Alguien había encontrado su oficina y, lo más importante… sus dibujos seguían pegados en la pared, todos. Ni uno solo había desaparecido.
Lily sonrió porque eso solo podía significar una cosa… su empleado había llegado.
Tomó uno de los planos y lo observó con atención; no entendió absolutamente nada, pero estaba convencida de que debía ser una pista. Las búsquedas importantes siempre tenían pistas. Había visto suficientes veces a Scooby-Doo para saberlo. Entonces escuchó pasos, muchos, y rápidamente dejó el plano donde estaba, miró alrededor y se escondió detrás de una estantería vacía. Se quedó quieta cuando la puerta se abrió y un hombre entró hablando por teléfono. Lily apenas podía verlo desde donde estaba y solo distinguía parte de su espalda y… su voz.
—Sí, ya instalamos todo esta mañana —dijo él mientras dejaba unas carpetas sobre el escritorio. Hubo una pausa y después sonrió apenas—. No, Alexis sigue igual de insoportable. —Lily se llevó una mano a la boca para no reír; le gustaba Alexis aunque realmente no lo conocía, pero sonaba divertido.
El hombre se sentó.
—Estoy bien, Marco. —Otra pausa, más larga esta vez, y la pequeña asomó apenas un ojo y entonces lo vio mejor; parecía cansado, no enfermo, ya que ella sabía muy bien cómo se oía una persona enferma, solo… triste, como cuando su mamá pensaba que ella no la veía llorar en la cocina.
—No tienes que preocuparte por mí —continuó el sujeto.
La voz que respondió sonó fuerte porque acababa de activar el altavoz.
—Claro que tengo que preocuparme —dijo Marco—. Para eso están los amigos.
Lily sonrió; eso sonaba bonito.
—Estoy trabajando —respondió el hombre.
—Lo sé...
—Y estoy bien…
—Eso ya lo dijiste. —Hubo silencio; después, el hombre tras la bocina habló otra vez—. Ojalá encuentres eso que siempre andas buscando.
Lily abrió los ojos, mucho… muchísimo, porque aquello era exactamente lo que ella estaba haciendo. Buscar y el hombre también.
Miró nuevamente los planos, después al hombre, luego los dibujos, luego al hombre otra vez y todo empezó a tener sentido dentro de su cabeza de cinco años.
Él estaba triste.
Él buscaba algo.
Él había llegado a su oficina y había conservado sus dibujos.
Obviamente, era su nuevo empleado; no había otra explicación lógica. La pequeña sonrió emocionada detrás de la estantería porque, después de una semana de espera… por fin había encontrado ayuda para buscar a su papá.
Editado: 21.08.2026