Lo que quedó entre líneas: Inevitablemente Tú

1. No quiero

~‎ANIKA~

—No quiero casarme.

‎El silencio que siguió fue inmediato.

‎Pesado.

‎Mi madre levantó lentamente la vista desde los documentos sobre la mesa mientras mi padre permanecía completamente inmóvil al otro extremo del despacho.

‎Y honestamente… creo que ambos esperaban que tarde o temprano dijera eso.

‎Porque llevaba semanas soportándolo en silencio.

‎Las reuniones.

‎Las carpetas.

‎Los apellidos importantes.

‎Como si mi vida pudiera resumirse en compatibilidades financieras.

‎Apreté un poco más los dedos alrededor de la taza de té intentando mantener la voz estable.

‎—No quiero hacer esto.

‎Mi padre finalmente habló.

‎—No estás siendo obligada.

‎Casi me reí.

‎Casi.

‎—Claro.

‎Mi madre suspiró apenas cansada.

‎—Anika, entiendes perfectamente cómo funciona nuestra posición.

‎Sí.

‎Ese era exactamente el problema.

‎La entendía demasiado bien.

‎Entendía por qué necesitaban una alianza fuerte.

‎Por qué mi apellido importaba.

‎Por qué cada movimiento familiar terminaba convertido en estrategia corporativa.

‎Y aun así… estaba cansada.

‎Cansada de sentir que nunca tenía algo completamente mío.

‎Me levanté lentamente del sofá abrazando mis propios brazos.

‎—¿Y si simplemente no quiero pertenecerle a alguien?

‎Silencio.

‎Mi madre suavizó apenas la expresión después de eso.

‎—El matrimonio no siempre significa pertenecer.

‎Qué mentira tan elegante.

‎Bajé la mirada unos segundos intentando ordenar todo lo que realmente quería decir.

‎Que todavía me costaba confiar en las personas.

‎Que había noches donde mi propio corazón acelerado me aterraba.

‎Que después del accidente apenas estaba aprendiendo a sentirme estable otra vez.

‎¿Cómo se suponía que debía casarme así?

‎—No estoy hecha para esto —murmuré más bajo.

‎Mi padre me observó en silencio antes de responder algo que honestamente odié escuchar porque sonó demasiado racional.

‎—Precisamente por eso necesitas a alguien estable.

‎Dios.

‎Cerré los ojos apenas un segundo.

‎Porque ahí entendí que llevaban demasiado tiempo pensando en esto.

‎Mi madre caminó lentamente hacia mí.

‎—No vamos a decidir por ti.

‎Levanté la vista inmediatamente.

‎Ella sostuvo mi mirada con calma.

‎—Te presentaremos opciones. Tú elegirás.

‎Silencio.

‎No era libertad completa.

‎Pero tampoco era una orden absoluta.

‎Y honestamente… era más de lo que esperaba obtener.

‎Respiré lento apartando finalmente la mirada hacia el ventanal enorme del despacho.

‎La ciudad seguía moviéndose abajo como si nada importante estuviera ocurriendo.

‎Pero mi vida sí estaba cambiando.

‎Aunque todavía no quisiera aceptarlo.

‎Después de unos segundos volví a mirar a mis padres.

‎—¿Quiénes son? —pregunté finalmente.

‎Mi padre abrió lentamente la primera carpeta sobre la mesa.

‎Y así comenzó todo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.