Minutos antes del capítulo 0.
~HENRY~
La primera vez que fui a las oficinas Katsar no fue por negocios.
Fue para conocerte.
Oficialmente.
Mi futura esposa.
Recuerdo perfectamente lo que esperaba encontrar.
La típica heredera intocable rodeada de asistentes.
Una joven elegante puesta estratégicamente dentro de la empresa familiar para aparentar preparación ejecutiva.
Algo fácil.
Predecible.
Y honestamente… estaba preparado para soportarlo.
Lo que no esperaba era entrar al edificio y escuchar tu nombre en medio de una discusión financiera antes siquiera de verte.
—La señorita Katsar pidió corregir los informes antes de enviarlos porque las cifras están mal calculadas.
—Pero la junta es en menos de una hora.
—Entonces trabajen más rápido.
Fruncí apenas el ceño mientras avanzaba acompañado por uno de los directivos principales.
Y entonces te vi.
Atravesabas el pasillo con una carpeta bajo el brazo mientras todavía llevabas ropa universitaria.
Universitaria.
Ni siquiera habías terminado la carrera todavía...
Y aun así todos a tu alrededor trabajaban a tu ritmo.
—La proyección financiera de Asia sigue incorrecta —dijiste sin detenerte mientras uno de los empleados intentaba seguirte—. Corríjanla antes de enviarla otra vez.
—Sí, señorita Katsar.
Ni siquiera levantaste la voz.
No hizo falta.
Me detuve observándote desde el otro extremo del pasillo mientras revisabas documentos caminando como si hubieras nacido dentro de ese edificio.
Y quizás sí.
Porque no te trataban como “la hija del dueño”.
Te trataban como alguien que realmente pertenecía ahí.
Vi cómo uno de los directivos mayores intentó explicarte algo sobre una negociación pendiente.
Lo corregiste antes de que terminara la frase.
Sin arrogancia.
Solo precisión.
—Eso incrementaría los costos operativos un diecisiete por ciento el próximo trimestre.
El hombre guardó silencio dos segundos antes de admitir:
—…sí.
Dios.
Me quedé observándote completamente incrédulo.
Porque honestamente esperaba encontrarte protegida dentro de la empresa familiar.
No liderando reuniones mientras seguías siendo estudiante.
El director a mi lado debió notar mi expresión porque habló casi inmediatamente:
—La señorita Katsar trabaja aquí desde adolescente.
Silencio.
Giré apenas hacia él.
—¿Trabaja de verdad?
El hombre pareció confundido por la pregunta.
—Señor Caldwell… la mitad de los sistemas actuales existen porque ella los reorganizó mientras estudiaba preparatoria.
Qué.
Volví a mirarte.
Estabas discutiendo algo con dos analistas mayores que tú y ninguno parecía complacerte por educación.
Te escuchaban de verdad.
Ahí entendí algo importante sobre ti incluso antes de hablarte formalmente por primera vez.
Anika Katsar no era una heredera decorativa.
Eras peligrosa.
Porque eras inteligente de una forma práctica.
Fría cuando hacía falta.
Capaz de sostener presión real sin quebrarte.
Y honestamente… creo que fue exactamente en ese momento cuando dejé de pensar en ti como “la candidata ideal” y empecé a verte como alguien que podía igualarme.