Lo que quedó entre líneas: Inevitablemente Tú

6. El día de la boda

~ANIKA~

No lloré.

‎Creo que todos esperaban eso de mí.

‎Una pequeña crisis.

‎Dudas de último momento.

‎Algún tipo de escena emocional antes de caminar hacia un matrimonio que jamás pedí.

‎Pero las heredera Katsar no hacía escenas.

‎Así que me quedé sentada frente al espejo mientras acomodaban el velo sobre mi cabello y fingí que mi vida no estaba cambiando completamente esa mañana.

‎—Te ves hermosa.

‎Mi madre lo dijo suave detrás de mí.

‎Sonreí apenas por educación mirando mi reflejo.

‎Hermosa.

‎Sí.

‎Perfectamente presentada para una boda privada que nadie conocería todavía.

‎Porque aquello también formaba parte del acuerdo.

‎El matrimonio existiría legalmente…

pero no públicamente.

‎No todavía.

‎Las familias necesitaban tiempo para controlar cómo y cuándo anunciarlo.

‎Conveniencia.

‎Estrategia.

‎Imagen.

‎Siempre lo mismo.

‎Bajé la mirada hacia mis manos descansando sobre mi vestido.

‎Vacías.

‎Sin anillo.

‎Porque Henry y yo estuvimos de acuerdo en algo incluso antes de conocernos realmente:

‎no queríamos fingir algo que todavía no existía.

‎Un anillo parecía demasiado íntimo.

‎Demasiado personal.

‎Como si implicara una promesa emocional que ninguno estaba preparado para dar.

‎Así que habría matrimonio.

‎Documentos.

‎Apellidos compartidos.

‎Pero no símbolos.

‎Eso me tranquilizaba un poco.

‎Porque significaba que él tampoco quería convertir aquello en una mentira romántica.

‎Respiré lento cuando finalmente me quedé sola en la habitación.

‎Silencio.

‎Solo yo.

‎Y el peso absurdo de todo encima del pecho.

‎Me pregunté cómo serías realmente.

‎La prensa te describía como frío.

‎Difícil.

‎Intimidante.

‎Perfecto.

‎Porque honestamente lo último que necesitaba era un hombre intentando enamorarme.

‎Solo quería sobrevivir aquello con dignidad.

‎Caminar dentro de ese matrimonio sin romperme más de lo que ya estaba.

‎Cuando finalmente llegó el momento de salir hacia la pequeña capilla privada... tuve miedo.

‎No del matrimonio exactamente, sino de desaparecer dentro de él, de convertirme únicamente en “la esposa de Henry Caldwell”.

‎Dios.

‎Las puertas se abrieron lentamente.

‎Y entonces te vi esperándome al frente.

‎Alto.

‎Impecable.

‎Serio.

‎Pero no cruel.

‎Eso fue lo primero que noté realmente de ti.

‎No parecías feliz de estar ahí.

‎Pero tampoco parecías disfrutar mi incomodidad.

‎Extrañamente… eso hizo todo más fácil.

‎Caminé hacia ti intentando mantener la calma mientras el silencio llenaba la capilla.

‎Cuando finalmente quedé frente a frente contigo… levantaste apenas la vista hacia mí.

‎Y por un segundo absurdamente pequeño… sentí que ambos estábamos pensando exactamente lo mismo.

‎No queremos esto... pero tampoco vamos a destruirnos mutuamente.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.