~HENRY~
El matrimonio llevaba exactamente 2 horas cuando establecimos la regla.
—Nadie puede enterarse —dije.
Levanté la mirada inmediatamente hacia ti desde el sofá de aquella enorme casa que todavía no sentía mía.
Seguías de pie frente al minibar sirviéndose whisky con la tranquilidad absurda de alguien que claramente estaba más acostumbrado que yo a las decisiones frías.
Tus ojos se movieron hacia mí apenas.
—¿Tan terrible sería que te vieran conmigo?
Entrecerré los ojos automáticamente.
—No eres exactamente el hombre más accesible del planeta, Henry.
Eso te arrancó una pequeña sonrisa, la primera que veía desde la boda, y honestamente… fue peligrosa incluso entonces.
—Tú tampoco eres precisamente amable, Anika.
Ignoré eso cruzándome de brazos.
La realidad era mucho más simple.
No quería preguntas.
No quería miradas.
No quería convertirme en “la esposa de Henry Caldwell” frente al mundo entero cuando ni siquiera entendía todavía qué éramos nosotros realmente.
Parecías pensar algo parecido, porque dejaste lentamente el vaso sobre la mesa antes de hablar otra vez:
—En la empresa tampoco diré nada.
Asentí inmediatamente.
—Bien.
—Y en eventos privados solo lo necesario.
—Perfecto.
Silencio.
Demasiado fácil.
Eso debió preocuparme.
Me observaste unos segundos más antes de preguntar tranquilamente:
—¿Y qué hacemos si alguien sospecha?
Solté una pequeña risa seca.
—No van a sospechar.
Levantaste apenas una ceja.
—Vives en mi casa.
—En diferentes habitaciones.
—Por ahora.
Mi corazón dio un pequeño salto incómodo completamente innecesario.
Lo ignoré rápidamente.
—Solo… mantengamos las cosas simples.
Sostuviste mi mirada unos segundos completos. Demasiado intensamente.
Y luego asintiste lentamente.
—Como quieras, esposa.
Otra vez esa palabra. Todavía sonaba extraña entonces. Peligrosa.
Incluso así, bromeaste en ese momento para reducir la tensión palpable en ese momento, en ese lugar, entre nosotros.
Porque incluso al inicio de todo… una parte de mí ya sospechaba que mantener distancia contigo iba a ser muchísimo más difícil de lo que ambos imaginábamos.