~ANIKA~
Odio el olor de los hospitales.
No importa cuánto tiempo pase, siempre me devuelve al mismo lugar, las mismas luces blancas, el mismo sonido de máquinas monitoreando algo que podría fallar en cualquier momento.
—Respire profundo, señorita Katsar.
Respiré.
El electrodo frío sobre mi pecho me hizo cerrar los ojos apenas un segundo.
Revisión rutinaria.
Eso dicen siempre.
Rutina para ellos.
No para mí.
Vi al médico observar la pantalla unos segundos más antes de anotar algo.
—El ritmo sigue estable.
Estable.
Otra palabra que nunca significa tranquilidad real.
Asentí despacio mientras acomodaba la manga del vestido.
—¿Debo seguir con las revisiones cada seis meses? —pregunté.
El doctor ni siquiera dudó.
—Después de un accidente como el suyo, sí.
Silencio.
No me gusta hablar de eso, no porque no lo recuerde, lo recuerdo demasiado bien, a veces creo que mi corazón también.
Tomé mi bolso mientras el médico seguía explicando cosas que ya sabía de memoria. Cuidados. Estrés. Descanso. Como si alguna vez hubiera tenido control absoluto sobre eso.
—Evite exigirse más de lo necesario —añadió.
Casi sonreí. Si fuera tan fácil, mi vida sería otra.
Salí del consultorio mirando el teléfono., dos llamadas perdidas de la residencia., ninguna tuya y aun así pensé en ti.
Qué irónico.
Mi esposo no sabe de esto. En realidad no sabe nada de mí.
No sabes que cada revisión médica me hace sentir otra vez como la chica que sobrevivió por poco. No sabes nada del accidente y yo todavía no decido si quiero que lo sepas.