~HENRY~
Los encontré por accidente.
Eran varias hojas mezcladas entre apuntes universitarios y algunos libros abiertos sobre la mesa del comedor.
Yo solo estaba buscando unos contratos que Daniel dejó esa mañana cuando vi el encabezado del hospital.
Fruncí apenas el ceño.
Había fechas.
Estudios médicos.
Consultas frecuentes.
Demasiadas.
Tomé una de las hojas distraídamente leyendo apenas por encima términos médicos que honestamente no entendía demasiado ni tenía interés real en entender en ese momento.
Solo me llamó la atención algo simple: Ibas muchísimo al médico, más de lo normal para alguien de tu edad... y entonces recordé otras pequeñas cosas.
Cómo evitabas conducir siempre.
Cómo a veces parecías cansarte demasiado rápido.
Cómo desaparecías ciertos días diciendo únicamente que tenías “una cita”.
Mis ojos permanecieron unos segundos sobre los documentos.
Confusión.
Ligera curiosidad.
Pero nada más, porque en ese momento todavía existía nuestro acuerdo absurdo.
No involucrarnos demasiado.
No hacer preguntas personales.
No actuar como un matrimonio real.
Así que simplemente dejé las hojas exactamente donde estaban, sin investigar más, sin preguntar, no era asunto mío, eso me repetía entonces.
Escuché pasos acercándose segundos después. Apareciste entrando al comedor todavía con ropa de la universidad, y apenas viste los documentos junto a mí… te quedaste quieta.
Demasiado quieta.
Tu mirada subió inmediatamente hacia la mía.
—¿Viste eso?
Tu voz salió más tensa de lo normal.
Levanté apenas una ceja antes de apartarme tranquilamente de la mesa.
—No le presté atención.
Mentira a medias, porque sí había mirado, simplemente decidí no profundizar.
Vi claramente cómo tus hombros se relajaban apenas después de escucharme.
Alivio.
Rápidamente recogiste las hojas juntándolas contra tu pecho.
—Gracias.
Asentí sin darle importancia aparente antes de volver a mis asuntos y tú tampoco explicaste nada más, porque en ese momento todavía éramos dos personas empeñadas en fingir que los secretos del otro no dolerían después.