Lo que quedó entre líneas: Inevitablemente Tú

14. Debí decírtelo

~HENRY~

‎Emily no gritó. No lloró. No tiró nada.

‎Por alguna razón, eso hizo que Henry se sintiera todavía peor.

‎Estaban sentados frente a frente, la misma cafetería, la misma mesa, pero la conversación era completamente distinta.

‎Henry llevaba varios minutos intentando encontrar las palabras adecuadas, no las encontraba, porque no existían.

‎—Tengo que decirte algo.

‎Emily levantó la vista de su taza.

‎—Eso suena grave.

‎—Lo es.

‎Ella esperó. Henry respiró hondo. Y soltó la verdad.

‎—Estoy casado.

‎El silencio que siguió fue absoluto, Emily simplemente lo observó, sin comprender.

‎—¿Qué?

‎—Estoy casado.

‎—¿Desde cuándo?

‎—Hace algunas semanas.

‎Ella parpadeó una vez, luego otra, procesando la información.

‎—¿Algunas semanas?

‎Henry asintió.

‎—Sí.

‎Emily permaneció inmóvil.

‎—¿Y me lo dices ahora?

‎—Sí.

‎La respuesta sonó tan miserable como él se sentía.

‎Ella bajó la vista, no parecía enfadada, parecía decepcionada y Henry descubrió que eso era mucho peor.

‎—Debí decírtelo antes.

‎Emily soltó una pequeña risa. No era una risa divertida.

‎—Sí, definitivamente debiste hacerlo.

‎Henry no intentó defenderse, porque no había defensa posible.

‎—Lo sé.

‎—¿Por qué no lo hiciste?

‎—Porque no sabía cómo.

‎—Henry.

‎—Lo sé.

‎Emily cerró los ojos unos segundos, después volvió a mirarlo, seguía tranquila, demasiado tranquila.

‎—¿Fue tu decisión?

‎—No.

‎—¿Te obligaron?

‎—Sí.

‎Ella asintió lentamente, como si aquella parte encajara con todo lo que conocía de él.

‎—Entiendo.

‎Henry apoyó los codos sobre la mesa.

‎—No quería mentirte.

‎—Pero lo hiciste.

‎No había acusación en su voz, solo un hecho y eso dolió más.

‎—Sí. Lo hice.

‎Emily guardó silencio. Después preguntó:

‎—¿La quieres?

‎Henry respondió inmediatamente.

‎—No.

‎La respuesta salió tan rápido que ni siquiera tuvo que pensarla. Emily pareció relajarse un poco.

‎—¿La conocías?

‎—No.

‎—¿Y ahora?

‎Henry tardó más en responder.

‎—Apenas.

‎Ella observó la reacción, pero no insistió, porque Emily siempre había sido así, nunca presionaba, nunca obligaba, simplemente esperaba.

‎—¿Es buena persona?

‎Henry apoyó la espalda contra la silla. Pensó unos segundos y terminó sonriendo sin darse cuenta.

‎—Creo que sí.

‎Emily notó la sonrisa, pero no comentó nada.

‎—Entonces al menos no te casaron con alguien horrible.

‎Henry soltó una risa baja.

‎—No, no lo es.

‎—Eso es un avance.

‎Volvieron a quedarse en silencio. Finalmente Emily tomó su taza.

‎—Sigo molesta.

‎—Lo sé.

‎—No porque te casaras.

‎Henry levantó la vista.

‎—Entonces, ¿por qué?

‎Ella sostuvo su mirada.

‎—Porque pensé que confiabas en mí.

‎Aquello golpeó más fuerte que cualquier reproche, mucho más, porque era verdad. Henry bajó la mirada.

‎—Lo siento.

‎Emily sonrió apenas, triste, pero sincera.

‎—Ya lo dijiste.

‎—Y lo seguiré diciendo.

‎Ella negó con suavidad.

‎—No hace falta.

‎Después tomó un sorbo de café, como si estuvieran hablando de algo infinitamente más simple. Henry comprendió por qué siempre había admirado esa tranquilidad, Emily nunca hacía escándalos, nunca levantaba la voz, pero cuando estaba herida... era imposible no darse cuenta.

‎Y por primera vez desde que había firmado aquellos papeles de matrimonio... se sintió verdaderamente culpable.




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