Sebastián
Sunnyreach no había cambiado.
O tal vez sí, y era yo el que ya no encajaba.
Bajé del auto sin prisa, con esa calma artificial que se aprende cuando uno pasa demasiado tiempo fingiendo que nada le importa. El hotel se alzaba frente a mí como un recuerdo que no pedí traer de vuelta. Fachada impecable. Tradición. Historia. Un activo perfecto.
Una decisión racional.
Eso fue lo que me repetí cuando firmé los papeles desde Nueva York. No nostalgia. No pasado. Negocios.
Pero apenas crucé la entrada, algo se tensó dentro de mí.
—Montenegro, bienvenido —dijo uno de los socios locales, estrechándome la mano—. Es un honor tenerte aquí.
Asentí. Sonreí lo justo. El apellido siempre abría puertas, aunque a veces cerrara otras.
Mientras recorría el lobby, mi mirada se movía sola, anticipando algo que no quería admitir. Entonces escuché su nombre.
—Amara está a cargo de la administración. Ella es muy eficiente.
El sonido fue físico. Un golpe seco en el pecho.
Amara.
Seis años y todavía bastaba un nombre para desarmarme.
Cuando ví que habían puesto en venta el Hotel principal de Sunnyreach no tuve dudas de que quería invertir en él, pero cuando vi la lista de trabajadores y leí su nombre como ‘’Encargada de administración’’ no hubo duda de lo que tenía que hacer.
Solo quería una cosa y eran respuestas. Solo aquí las iba a conseguir.
No pregunté nada. No reaccioné. Aprendí hace tiempo que el control también es silencio. El encargado me iba hablando de lo ansioso que estaba de que yo tomara el control del Hotel. De que todos estaban emocionados y algunos preocupados por los cambios que se iban a realizar. Yo solo asentí, no sabía por qué, pero mis ojos iban por todo el lobby buscando a una sola persona.
Llegamos hasta el salón principal donde todos los empleados estaban ya reunidos para mi presentación y fue en ese instante que la vi. Sentada en una esquina del salón, ya no era una joven de 18 años con sueños grandes, con ganas de irse de esta ciudad y comerse el mundo. Ahora era una mujer, seguía teniendo su cabello largo y liso hasta la cintura, su tono castaño claro y esos hermosos ojos color miel. Me quedé mirándola unos segundos hasta que sus ojos se encontraron con los míos. Por un segundo vi miedo y su cuerpo se tensó y por un momento el pasado volvió con una claridad incómoda
El vídeo.
Tenía el recuerdo de cada segundo de ese puto video. Su voz, sus palabras: ‘’No es amor, solo veo la oportunidad de irme de aquí’’
Eso fue suficiente para mí.
Cerré los ojos con la misma certeza que me había traído de vuelta: no había regresado por ella. Había regresado porque el pasado no manda.
O eso quería creer.
Editado: 07.01.2026