Rincones que sanan
A veces se nos olvida lo que tenemos
Uno crece escuchando que vive en un país hermoso.
Que las playas, que los ríos, que las montañas…
que gente de otros países paga muchísimo dinero por venir aquí.
Y uno lo oye, lo repite… pero no siempre lo siente.
Porque la realidad es otra.
La rutina.
El calor.
Los problemas.
La cabeza llena.
Y sin darte cuenta, vives rodeada de belleza… pero desconectada de todo.
Ese día yo no estaba bien.
No era algo que se notara por fuera.
Yo estaba normal… como siempre.
Pero por dentro tenía ese vacío raro, ese que no sabes explicar, ese que no se quita ni durmiendo ni viendo el celular.
Y fue ahí cuando pensé:
"¿Y si salgo?"
No lejos.
No algo caro.
No algo planeado.
Solo… salir
Busqué algo diferente dentro de lo mismo de siempre.
Algo que estuviera aquí, en mi propio país… pero que yo nunca hubiera vivido de verdad.
Y así fue como terminé pensando en Cayo Arena.
Sí, ese lugar que uno ve en fotos, que siempre alguien menciona, que parece bonito… pero que uno va dejando para después.
El viaje no fue de película.
Hubo que madrugar.
Resolver transporte.
Aguantar calor.
Lo normal.
Pero había algo distinto en mí.
No iba por turismo.
No iba por fotos.
Iba porque necesitaba sentir algo.
Cuando llegué, no fue como en Instagram.
Fue mejor.
El agua no era solo clara… era tranquila.
El viento no era solo brisa… era descanso.
Y lo más raro de todo…
yo me sentía en paz.
Caminé despacio, metí los pies en el agua y me quedé ahí, sin hacer nada.
Sin pensar en mensajes.
Sin pensar en gente.
Sin pensar en lo que me faltaba.
Solo… estando.
Y fue ahí cuando entendí algo que nunca me habían dicho:
A veces uno no necesita irse del país para desconectarse…
uno necesita reconectarse con él.
Me senté en la arena, mirando alrededor.
Personas riéndose.
Otras tomándose fotos.
Algunos, como yo… en silencio.
Y por primera vez en mucho tiempo, no me sentí rara por estar sola.
Me sentí… bien.
Un señor que estaba por ahí vendiendo me dijo:
—“Disfruta, que esto no se ve to’ lo día.”
Y aunque sonó simple… me dio duro.
Porque es verdad.
Vivimos aquí… pero no lo vivimos.
Saqué el celular, pero no para subir nada.
Ni historia.
Ni foto perfecta.
Solo una foto para mí.
Para recordarme que ese día hice algo diferente.
Que ese día me elegí.
Antes de irme, miré el agua otra vez.
Y pensé:
"¿Cuántas veces he tenido esto cerca… y no lo he valorado?
No volví siendo otra persona.
No se me resolvió la vida.
Pero algo cambió.
Algo pequeño… pero real.
Ese día entendí que República Dominicana no es solo un lugar bonito.
Es un lugar que, si tú se lo permites…
también te puede ayudar a sanar.
Y tal vez ese sea el verdadero viaje.
No el que haces lejos…
Sino el que empiezas
cuando decides mirar diferente
lo que siempre ha estado ahí.