Lo que siempre estuvo aqui

Capítulo 2

Donde el agua también abraza

Después de ese primer viaje, algo en mí cambió.

No de golpe.

No como en las películas.

Pero sí lo suficiente como para darme cuenta de algo:

yo necesitaba seguir saliendo… pero no para huir, sino para entenderme.

Volví a la rutina.

El mismo calor.

Las mismas calles.

La misma gente.

Y, aun así… yo no era la misma.

Había probado un poquito de paz, y ahora sabía que existía.

Que no era un invento.

Que no era algo que solo le pasaba a otras personas.

Y cuando tú pruebas eso… quieres más.

Un día cualquiera, sin pensarlo mucho, escuché a alguien mencionar Salto El Limón.

Yo ya sabía que existía.

Todo el mundo lo ha visto en fotos.

Todo el mundo dice que es bonito.

Pero nadie te habla de lo que se siente llegar hasta ahí.

El camino no fue fácil.

Subir, caminar, sudar…

sentir el cansancio en las piernas.

Hubo un momento en el que pensé:

"¿De verdad yo necesitaba venir hasta aquí?"

Pero seguí.

Porque esta vez no iba a devolverme a mitad de camino,

como había hecho tantas veces en otras cosas de mi vida.

Cuando finalmente llegué… me quedé en silencio.

El agua cayendo con fuerza.

El sonido llenándolo todo.

El aire fresco.

Era como si el lugar respirara.

Me acerqué despacio.

El agua estaba fría.

De esa que te hace reaccionar.

Pero no me quité.

Al contrario… me metí.

Y ahí pasó algo que no esperaba.

Sentí como si todo lo que llevaba dentro…

se aflojara un poco.

No desapareció.

Pero dejó de pesar igual.

El agua cayendo sobre mí no era solo agua.

Era fuerza.

Era descarga.

Era como si el cuerpo y la mente se alinearan por un momento.

Pensé en todo lo que me había costado llegar hasta ahí.

No solo el camino físico.

Sino el emocional.

Las veces que dudé de mí.

Las veces que me rendí antes de intentar.

Y aun así… ahí estaba.

Una chica cerca de mí se reía, disfrutando el momento sin pensar en nada más.

Y me di cuenta de algo:

No todo el mundo llega a estos lugares buscando lo mismo.

Algunos vienen por aventura.

Otros por fotos.

Yo vine… porque necesitaba soltar.

Cerré los ojos un momento.

Dejé que el agua cayera.

Que el ruido me envolviera.

Y por primera vez en mucho tiempo…

no pensé en el pasado.

Ni en lo que faltaba.

Solo estuve ahí.

Cuando salí, no dije nada.

No hacía falta.

Pero dentro de mí había una frase clara:

"No todo lo que pesa se queda para siempre."

Antes de irme, miré una vez más el lugar.

Y entendí algo que no se explica… se siente:

Hay sitios que no solo te muestran lo bonito de la naturaleza…

también te enseñan lo fuerte que tú puedes ser.

Ese día no fue solo una salida.

Fue un recordatorio.

De que puedo avanzar.

De que puedo intentar otra vez.

De que no todo en mí está roto.

Y mientras bajaba el camino de regreso, cansada pero tranquila, pensé:

Quizás este viaje no se trata de encontrar respuestas…

Sino de aprender a seguir,

aunque no las tenga todas.




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