Visitar Isla Saona era un sueño que tenía desde hacía tiempo.
Cuando el bote comenzó a acercarse, el color del agua parecía irreal.
Miré a mi alrededor y sonreí.
Pensé en la niña que fui.
En todos los sueños que todavía quiero cumplir.
En todo lo que aún me queda por conocer.
Ese viaje no cambió mi vida de un día para otro.
Pero sí me recordó algo importante.
No importa cuántas responsabilidades tenga, cuánto trabaje o cuánto estudie.
Siempre debo hacer espacio para vivir.
Porque los recuerdos más valiosos no se compran.
Se construyen.
Ese día entendí que viajar no significa escapar de la realidad.
Para mí, viajar significa volver a conectar con la mejor versión de mí misma.
Y mientras el bote se alejaba de la isla, hice una promesa en silencio:
Seguir descubriendo nuevos lugares... sin dejar de descubrirme a mí.