Siempre pensé que descansar era perder el tiempo.
Hasta que llegué al Río Yaque del Norte, en la zona de Jarabacoa.
Me senté sobre una piedra mientras el agua seguía su camino, sin prisa.
Nadie le decía hacia dónde ir.
Nadie la obligaba a correr.
Simplemente fluía.
Y me pregunté por qué yo no hacía lo mismo.
¿Por qué me exigía tanto?
¿Por qué sentía que siempre tenía que demostrar algo?
Aquel río no me dio respuestas.
Pero me recordó que la vida no es una competencia.
Hay momentos para avanzar.
Y hay momentos para detenerse y respirar.
Ese día aprendí que descansar también es una forma de seguir adelante.