Llegar al Pico Duarte siempre fue uno de esos sueños que veía lejanos.
Mientras ascendía, el cansancio aparecía a cada paso.
Hubo momentos en los que pensé en rendirme.
Pero seguí.
No porque fuera fácil.
Sino porque quería demostrarme que podía.
Cuando llegué y miré el paisaje desde lo alto, entendí que el esfuerzo siempre encuentra su recompensa.
Desde arriba, los problemas parecían más pequeños.
Y yo... un poco más fuerte.
No conquisté la montaña.
Me conquisté a mí misma.