Cuando terminé ese viaje comprendí algo.
No importa cuántos destinos visite.
Siempre habrá un lugar que ocupará un espacio especial en mi corazón.
No solo por su paisaje.
Sino por cómo me hizo sentir.
Cada playa.
Cada montaña.
Cada río.
Cada calle antigua.
Me enseñó algo diferente.
Y entendí que viajar no consiste únicamente en conocer nuevos lugares.
También consiste en descubrir nuevas versiones de uno mismo.
Mientras regresaba a casa miré por la ventana y sonreí.
Este libro comenzó como una idea.
Hoy se ha convertido en una colección de recuerdos.
Y sé que todavía quedan muchos caminos por recorrer.
Porque este viaje...
apenas comienza.