El miércoles amaneció con lluvia.
La Academia Saint Brigid parecía más gris que de costumbre. El uniforme se pegaba a las piernas, los pasillos olían a humedad y perfume caro.
Cuando Nox llegó a su casillero, lo supo antes de verlo.
Las risas eran demasiado contenidas.
La pintura roja había vuelto.
Esta vez no decía “FREAK”.
Decía:
“PSICÓPATA”.
Había más palabras debajo. Peores. Directas.
Nox dejó la mochila en el suelo.
Pasó el dedo por la pintura fresca.
Manchó la yema de rojo.
Daniel estaba apoyado contra la fila de casilleros opuesta.
—Qué feo que alguien haga eso —dijo, sin disimular la sonrisa.
Claire estaba a su lado.
—Deberías denunciarlo.
Risas bajas alrededor.
Nox cerró el casillero con fuerza.
No dijo nada.
Caminó hacia el baño.
En el baño, abrió la llave del agua y se miró en el espejo.
Tenía el dedo rojo.
Se lavó la mano lentamente.
Una chica entró, la vio, salió.
Nox tomó una toalla de papel, regresó al pasillo.
No fue a clase.
Fue directo al salón de debate.
Daniel estaba dentro, solo, organizando papeles.
Ella entró sin tocar.
—¿Qué quieres? —preguntó él.
Nox cerró la puerta.
No habló.
Se acercó hasta quedar a menos de medio metro.
Daniel intentó mantener la sonrisa.
—No fui yo.
Silencio.
—¿Vas a acusarme sin pruebas?
Nox sostuvo la mirada.
Daniel tragó saliva.
—Estás enferma, ¿lo sabías?
Ese fue el momento.
Nox lo empujó contra la mesa.
No fue un golpe impulsivo.
Fue preciso.
La silla cayó. Los papeles volaron.
Daniel intentó apartarla, pero ella lo tomó del cuello de la camisa y lo sostuvo ahí.
—Vuelve a escribir algo —dijo por primera vez en días.
Su voz era baja.
No gritó.
Daniel intentó zafarse.
—Suéltame.
Nox lo empujó otra vez. Su espalda golpeó el borde de la mesa.
—Escribe algo más —repitió.
La puerta se abrió.
La profesora Helena Armand quedó paralizada en el marco.
—¿Qué está pasando aquí?
Nox soltó la camisa.
Daniel cayó sentado.
—Me atacó —dijo él, respirando agitado.
Nox no habló.
No explicó.
No negó.
La llevaron a la oficina del director.
El uniforme de Daniel estaba arrugado. Tenía la piel del cuello enrojecida.
El director, señor Whitmore, no levantó la voz.
—Violencia física dentro del campus.
Nox estaba de pie frente al escritorio.
—¿Algo que quieras decir?
Silencio.
—Daniel afirma que lo atacaste sin provocación.
Silencio.
—Esto es una institución privada. No toleramos este comportamiento.
Nox miraba un punto fijo en la pared.
—Quedas suspendida por tres días.
No reaccionó.
—Se notificará a tus padres.
Una pausa.
—Puedes retirarte.
Nox giró y salió.
En el pasillo, los estudiantes ya sabían.
Las miradas eran distintas ahora.
No burla.
No risa.
Algo más contenido.
Cuando pasó junto a Claire, ella no dijo nada.
Nadie dijo nada.
Esa tarde, mientras esperaba el autobús, alguien le lanzó una botella vacía.
Le golpeó la pierna.
No se volteó.
Subió al autobús.
Se sentó sola.
El conductor la observó por el espejo retrovisor más de lo normal.
Los tres días de suspensión no fueron silenciosos.
El grupo escolar creó un chat.
Alguien filtró una foto de Daniel con la marca roja en el cuello.
Mensajes:
“Está loca.”
“Puede matar a alguien.”
“Que la expulsen.”
Nox leía todo.
No respondía.
Creó una cuenta nueva.
Empezó a guardar capturas.
Nombres. Horas. Comentarios.
No hacía nada con ellos.
Los guardaba.
Cuando regresó a la escuela, el ambiente había cambiado.
Nadie se acercaba demasiado.
En Literatura, la profesora Armand evitó mirarla directamente.
En Matemáticas, el profesor Graham no la llamó a participar.
En Educación Física, nadie intentó correr a su lado.
El aislamiento ya no era pasivo.
Era impuesto.
En el vestidor, Claire la enfrentó.
—Arruinaste todo. Daniel casi presenta una queja formal.
Nox se quitaba la camiseta.
—Te van a expulsar.
Silencio.
—Das asco.
Nox cerró el casillero con fuerza.
Claire dio un paso atrás, pero mantuvo la postura.
—¿Qué me vas a hacer ahora?
Nox la miró de arriba abajo.
Se acercó lo suficiente para que Claire pudiera sentir su respiración.
No la tocó.
—Nada —dijo.
Esa fue la respuesta más inquietante.
Dos semanas después ocurrió algo distinto.
No fue una pelea.
Fue más pequeño.
Durante un examen sorpresa de Historia, alguien pasó una hoja doblada por debajo de su pupitre.
Nox la abrió.
Era una caricatura de ella.
Ojos exagerados. Sonrisa torcida.
Abajo, escrito: “NOX = MONSTRUO”.
Nox levantó la vista.
Nadie la miraba directamente.
Doblando la hoja con cuidado, la guardó en el bolsillo.
Terminó el examen antes que todos.
Al levantarse, pasó junto al escritorio de Claire.
Dejó la caricatura sobre su cuaderno.
No dijo nada.
Claire palideció.
La siguiente confrontación no fue en un salón.
Fue detrás del gimnasio.
Sin cámaras.
Daniel la esperó con dos amigos.
—Creí que ya habías aprendido —dijo.
Nox se detuvo.
—No vuelvas a acercarte.
Ella no retrocedió.
Uno de los amigos dio un paso al frente.
—O qué.
Nox no habló.
Daniel la empujó primero.
Un empujón fuerte.
Ella cayó contra la pared de ladrillo.
Silencio breve.
Luego, Nox se lanzó.
No gritó.
No dudó.
Golpeó primero al amigo más cercano en el estómago.
Rodilla directa.
Precisa.
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Editado: 27.03.2026