Lo Que Una Chica Por Amor Es Capaz: Nox Tucker. #1

Capítulo I —Parte III

La citación llegó un viernes por la mañana.

La secretaria llamó a Nox por el altavoz.

—Tucker, a dirección.

Las conversaciones en el aula bajaron apenas.

Nox se levantó sin apuro.

Caminó por el pasillo central mientras algunos estudiantes fingían no mirarla.

Otros sí la miraban.

En la oficina del director estaban sentados Vicka y Todd.

Vicka llevaba traje oscuro, el cabello recogido, ojeras marcadas.
Todd tenía la camisa arrugada y olor a alcohol que ni el perfume barato podía cubrir.

El director Whitmore estaba de pie, manos detrás de la espalda.

—Siéntate, Nox.

Ella no saludó.

No miró a sus padres.

Se sentó frente al escritorio.

El director abrió una carpeta gruesa.

—En los últimos dos meses: tres reportes de conducta agresiva, dos suspensiones, amenazas a un compañero, pelea física detrás del gimnasio y bajo rendimiento académico general.

Silencio.

Vicka cruzó las piernas con rigidez.

—Esto no puede seguir así —dijo el director—. La Academia Saint Brigid no es un centro de rehabilitación.

Todd soltó una risa seca.

—Mi hija no necesita rehabilitación.

El director lo miró fijo.

—Su hija necesita límites.

Todd se inclinó hacia adelante.

—¿Está diciendo que no los tiene en casa?

Vicka intervino.

—Todd.

El director no perdió la compostura.

—Estoy diciendo que aquí no los respeta.

Nox seguía en silencio.

Miraba la carpeta.

En la portada estaba su nombre completo:
Nox Elaine Tucker.

—¿Algo que quieras decir? —preguntó el director.

Nox levantó la vista por primera vez.

—No.

Vicka giró hacia ella.

—¿No vas a explicar nada?

Silencio.

—¿No vas a decir que no empezaste las peleas?

Nox la miró.

—No.

Todd golpeó el escritorio con la palma.

—¿Qué demonios te pasa?

La secretaria al otro lado del vidrio levantó la cabeza.

El director carraspeó.

—Señor Tucker, le pido compostura.

Todd se recostó en la silla.

—Siempre fue rara —murmuró.

Vicka cerró los ojos un segundo.

—No delante de él.

—¿De quién? ¿Del santo director? —Todd señaló a Whitmore.

Nox observaba.

No intervenía.

El director tomó aire.

—Estamos considerando la expulsión.

Vicka reaccionó.

—No.

—Su hija representa un riesgo para otros estudiantes.

—¿Riesgo? —repitió Todd con tono burlón—. ¿Por empujar a un niño rico?

—Por comportamiento violento reiterado.

Nox apoyó los codos en las rodillas.

—Ellos empezaron —dijo.

La frase cayó plana.

Vicka la miró como si no reconociera la voz.

—¿Quiénes?

—Todos.

El director cerró la carpeta.

—No es una respuesta suficiente.

Nox se encogió de hombros.

Todd volvió a hablar.

—¿Qué quieren? ¿Que la interne? ¿Que la medique?

El director no respondió a la provocación.

—Queremos que firme un compromiso conductual. Cualquier incidente más y será expulsada inmediatamente.

Vicka asintió rápido.

—Lo firmaremos.

Todd no respondió.

Nox no mostró reacción.

El director deslizó el documento.

Vicka firmó primero.

Todd dudó un segundo, luego firmó con trazo torcido.

El documento quedó frente a Nox.

—Firma —dijo Vicka.

Nox tomó el bolígrafo.

Firmó:
NOX.

No usó su segundo nombre.

El director lo notó.

No comentó.

Al salir de la oficina, Vicka la tomó del brazo.

—¿Qué estás haciendo con tu vida?

Nox no se soltó.

—Nada.

—Estás destruyendo todo por lo que trabajamos.

Todd caminaba delante, sin esperar.

—Déjala —dijo sin voltear—. Siempre le gustó llamar la atención.

Nox se soltó.

—No me gusta llamar la atención.

Vicka bajó la voz.

—Entonces ¿por qué haces esto?

Nox no respondió.

En el estacionamiento, Todd encendió un cigarrillo.

—Sube al auto.

Nox se quedó quieta.

—Sube.

Entró en el asiento trasero.

El trayecto fue silencioso hasta que Todd habló.

—Si te expulsan, no pienso pagar otra escuela.

Vicka apretaba el volante.

—No la van a expulsar.

—Claro que sí. Siempre fuiste problemática.

Nox miraba por la ventana.

—No fui yo —dijo.

Todd rió.

—Nunca eres tú.

Vicka giró la cabeza levemente.

—Entonces ¿quién?

Nox no respondió.

Todd frenó en un semáforo.

Se giró hacia ella.

—Si vuelves a pelearte, no cuentes conmigo.

Nox sostuvo la mirada.

—Nunca cuento contigo.

El silencio fue inmediato.

El semáforo cambió.

Todd aceleró sin decir nada más.

El lunes siguiente, toda la escuela sabía que hubo reunión.

Las miradas eran distintas otra vez.

No solo miedo.

Curiosidad.

Daniel se acercó en el pasillo.

—¿Te salvó papi?

Nox no se detuvo.

—¿O mami firmó por ti?

Nox siguió caminando.

Daniel la siguió.

—Deberías agradecerme. Si no fuera por mí ya estarías fuera.

Nox se detuvo de golpe.

Daniel casi chocó contra ella.

—No vuelvas a hablar de mis padres —dijo.

Su voz no subió.

Fue firme.

Daniel sonrió.

—¿Por qué? ¿Te avergüenzan?

El empujón fue directo.

Daniel cayó contra los casilleros otra vez.

Un golpe seco.

Esta vez no hubo advertencia previa.

Un profesor dobló la esquina justo cuando Daniel intentaba levantarse.

—¡Tucker!

Silencio en el pasillo.

Nox no retrocedió.

No intentó escapar.

El profesor miró a Daniel.

—¿Qué pasó?

Daniel dudó.

Si decía la verdad, admitiría que la provocó.

—Nada —dijo finalmente.

El profesor los observó unos segundos más.

—A clase.

Nox sostuvo la mirada de Daniel un segundo adicional.




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