Lo Que Una Chica Por Amor Es Capaz: Nox Tucker. #1

Capítulo III—Parte I

El cartel colgaba desde hacía tres semanas en la parada del autobús.

CONVENCIÓN ANUAL DE CÓMICS Y SUPERHÉROES — Centro de Convenciones Aurora.

Nox lo había visto el primer día.
No se detuvo.
No sonrió.
No comentó nada.

Pero lo memorizó.

El día llegó con cielo gris y viento frío. Perfecto.

Nox salió de casa sin despedirse. Vicka aún dormía. Todd no estaba.
El silencio de la casa era distinto al del colegio.
Más frágil.

En su mochila llevaba lo esencial: billetera, teléfono, el cuaderno negro… y un pequeño pin metálico con un signo de interrogación verde.

No era un héroe.

Era de Edward Nygma.

El Acertijo.

Siempre le gustaron los villanos más que los héroes.

No gritaban justicia.
No pedían aprobación.
No fingían pureza.

Caminó hasta el Centro de Convenciones Aurora.
Desde dos calles antes ya se escuchaban risas, música, pasos acelerados.

Gente con capas.
Espadas de plástico.
Pelucas imposibles.
Maquillajes brillantes.

Nox no iba disfrazada.

Entró.

El olor era mezcla de tela nueva, cartón, comida rápida y aerosol para peinados.

Un Batman pasó corriendo.
Dos Spider-Man discutían por una foto.
Una Harley Quinn gritaba algo que nadie entendió.

Nox caminó despacio.

Miraba.

Observaba.

En el primer stand había pósters de Joker.
En el segundo, figuras coleccionables de Loki.
Más allá, una réplica del bastón de Riddler.

Se detuvo ahí.

El bastón verde brillante estaba apoyado en una base giratoria.
La gente lo tocaba, se tomaba fotos.

Nox no sonrió.
Pero sus dedos rozaron la vitrina.

—Es edición limitada —dijo el vendedor—. Solo cien piezas.

—No lo quiero —respondió ella.

—Entonces míralo todo lo que quieras.

Nox inclinó la cabeza apenas.

Mirar era suficiente.

Siguió avanzando.

Había un escenario central donde anunciaban concursos de cosplay. Un presentador gritaba nombres. La gente aplaudía.

Pero Nox se movía hacia los extremos.

Donde estaban los artistas independientes.
Donde los villanos no estaban en camisetas rosas, sino dibujados con sombras profundas.

Se detuvo frente a una ilustración grande del Joker.

No el caricaturesco.

El serio.
El que no reía.

El artista estaba sentado detrás.

—No sonríe —dijo Nox.

El artista la miró sorprendido.

—No todo el tiempo.

Ella asintió.

—Es cuando más asusta.

El hombre sonrió levemente.

—Tienes buen ojo.

Nox no respondió.

Siguió.

En otro puesto había máscaras.

Una verde con signos de interrogación.
Una morada con sonrisa torcida.
Una negra con líneas doradas.

Nox tomó la verde.

La sostuvo frente a su rostro.

No para que la vieran.

Para no verse.

Se la probó.

El mundo cambió de color.
Un tono oscuro.
Filtrado.

Respiró dentro de la máscara.

Nadie sabía quién era.

Nadie la miraba como “la rara del colegio”.

Era solo una figura más.

Pagó en efectivo.

Salió del stand con la bolsa pequeña.

Caminó hacia una esquina menos transitada, donde había un panel sobre “La evolución de los antagonistas en los cómics modernos”.

Se sentó al fondo.

Un expositor hablaba sobre cómo los villanos habían dejado de ser simples caricaturas y se habían vuelto complejos.

Nox escuchaba.

Pero no tomaba notas.

Observaba a la gente.

Al chico con capa roja que no dejaba de ajustar sus lentes.
A la chica con traje plateado que miraba su reflejo en el celular.
Al niño pequeño vestido de héroe que sostenía la mano de su mamá.

Nadie la conocía.

Y eso era un alivio.

En medio de la charla, el expositor proyectó una imagen de Magneto.

—Los villanos creen tener razón —dijo el hombre—. Esa es la clave.

Nox no aplaudió.

Pero no apartó la vista.

Terminó el panel.

La gente se levantó.

Ella no.

Se quedó sentada un momento más.

Con la bolsa en las manos.

Respirando.

El ruido era alto.
Pero no era personal.

Eso lo hacía soportable.

Cuando salió al pasillo principal, algo cambió.

Había más gente.

Más empujones.

Más calor.

Un grupo pasó corriendo y la golpeó en el hombro.

No reaccionó.

Siguió.

En el centro del salón había una exposición especial: “Los Grandes Villanos del Siglo”.

Esculturas tamaño real.

Ahí estaba el Joker.
Ahí estaba Loki.
Ahí estaba Riddler.

Nox se detuvo frente a la figura de Riddler.

Traje verde impecable.
Guantes.
Sombrero.

La placa decía:

Edward Nygma — El intelecto como arma.

Nox se quedó mirándolo largo rato.

—Siempre eligen mal el sombrero.

La voz vino desde su derecha.

Un chico.
Más alto que ella.
Cabello oscuro.
Chaqueta verde.

Nox no lo miró aún.

—¿Ah sí? —preguntó.

—Sí. No es ese tono. Es más profundo.

Ahora lo miró.

Tenía en la mano un cómic viejo.

En la portada, Riddler enfrentaba a Batman.

—¿Edición original? —preguntó Nox.

El chico levantó una ceja.

—¿Lo reconoces?

—Claro.

Silencio breve.

—Soy Ian—dijo él.

Nox sostuvo su mirada un segundo más de lo necesario.

—Nox.

No se dieron la mano.

No sonrieron exageradamente.

Solo compartieron el espacio frente a la estatua.

—La mayoría viene por los héroes —dijo Ian.

—La mayoría se equivoca.

Él soltó una risa corta.

—Eso es peligroso de decir aquí.

—No me importa.

Ian la observó con interés.

No como los chicos del colegio.




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